Añorando otro Suresnes desesperadamente

Rafael Cid / rojoynegro
Adiós Susana Díaz. Agur barones. Adeus diario El País. El muerto que vos matáis goza de buena salud. La pantomima e finita. El cadáver que la cúpula del PSOE velaba con rechifla desde el pasado primero de octubre se ha hecho carne y habita entre sus matarifes. Lejos de acabar con Pedro Sánchez utilizando todos los peores trucos del gremio (vulnerando los estatutos del partido e ignorando las firmas de la mayor parte de la militancia en favor de un Congreso Extraordinario), lo que los conspiradores han logrado es cebar en algunas mentes motivadas el despegue de un nuevo Suresnes.
La nueva conciencia popular despertada por la crisis inducida de arriba-abajo; el rotundo cambio de mentalidad generacional; y el hartazgo ciudadano ante una clase política endogámica y caníbal, pueden ofrecer al extinto secretario general socialista la oportunidad de liderar el partido en la revancha. Aunque para anunciar algo nuevo, no basta con haber sido el primer secretario general del PSOE elegido mediante primarias. Hasta que no se demuestre lo contrario, Sánchez no ha remontado por sus méritos sino por los errores de bulto de sus adversarios dentro del partido y entre los emboscados de la Marca España, rey Felipe VI incluido.
Institucionalmente hablando, los países que han sufrido la última gran recesión han respondido a la crisis desde posiciones distintas y a veces hasta contradictorias. Ha habido sociedades que, a pesar de los pesares, han seguido votando mayoritariamente a los partidos que aplicaron las políticas draconianas de la Troika. Es el caso de España e Irlanda. Otras donde la convulsión social ha originado una catarsis que ha permitido coaliciones de gobierno enfrentadas a Bruselas. Por ejemplo, Portugal, donde el Bloco de Esquerda de Antonio Costa se ha hecho con el poder no obstante haber sido los conservadores quienes ganaran en las urnas. Eso sí, después de que en el Partido Socialista (PSP) se produjera una purga para desalojar a la cúpula presidida por José Sócrates, que fue quien solicitó el rescate-país antes entrar en la cárcel por corrupción. Y finalmente existe el expediente Syriza, que es una especie de Frankenstein político-ideológico que marcara época. Porque se trata de un conglomerado bumerán. Desde la calle se identificaba como antisistema, mientras una vez en el gobierno se dedica a aplicar los ajustes y recortes más crueles nunca antes vistos a la derecha
Añorando otro Suresnes desesperadamente
Pero el PSOE es otro mundo, caso aparte. Consta como el único grupo socialdemócrata de la Unión Europea (UE) que, al pasar a la oposición tras haber inaugurado las políticas austericidas, en vez de hacer acto de contrición buscando una salida progresista optó por apoyar al partido conservador que le secundó en el linchamiento antisocial. Ni confluencia por la izquierda ni renovación. El atado y bien atado del pacto secreto de la transición se activó en Ferraz para expulsar del puesto de mando al intruso que amenazaba con desmochar al bipardidismo dinástico hegemónico. Pero ha bastado un “preferiría no hacerlo” para que ese castillo de naipes, construido durante decenios sobre la obediencia debida y la mansa rutina, se vaya al carajo por donde menos se esperaba. Ahora, como en el tardofranquismo, pueden convivir dos familias socialistas: la del aparato y la del nómada de Pedro Sánchez, “el protomartir”.
Porque no se puede inferir de lo sucedido (la renuncia al acta de diputado de Sánchez y el “no” de sus 15 disidentes) que entramos en tiempo de descuento y hay dos partidos en liza. Fractura, haberla hayla, sobre todo en el PSC, pero soñar con otro Suresnes es ir demasiado lejos. Por un lado, porque la memoria es débil e ingrata, y lo que ahora levanta la justa crítica y repulsa de las bases puede quedar en anécdota cuando vuelvan a pasar lista (ahí Cesar Luena, en modo Hernando, para que dejen seguir pilotando el PSOE riojano). Ahí está el ejemplo de Tsipras en Grecia, con más de un 90% de rechazo popular según las encuestas y acaba de ser ratificado casi por aclamación en el último congreso de Syriza. Por no hablar de la turbia experiencia de la izquierda en la transición, ahora recordada por el coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, al afirmar que “el PCE hizo lo que pudo pero no lo que debía”.
Mucho tendría que cambiar Pedro Sánchez para dejar atrás al político que contribuyó a redactar la infame reforma del artículo 135 de la Constitución con el gobierno de Rodríguez Zapatero y hacer olvidar al dirigente que se cargó de buenas primeras al secretario general de la Federación Socialista Madrileña, Tomás Gómez, para poner en su lugar a Ángel Gabilondo. Aunque nada está escrito. Y en cualquier caso nadie le podrá ya quitar el honor de haber mantenido la palabra dada, sabiendo como sabemos que en boca los políticos vale menos que el orín de los monos. Eso y haber dejado en evidencia a Felipe, Cebrián y los 40 principales.

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