Chile, 11 de septiembre de 1973: Estudiar el pasado para construir el futuro

  • Texto elaborado por Martha Hernecker con fecha del 5 de junio de 2003

 Chile, 11 de septiembre de 1973: Estudiar el pasado para construir el futuro
Martha Hernecker
1. Treinta años después de un 11 de septiembre que los latinoamericanos siempre recordarán, debemos preguntarnos qué lecciones podemos obtener de la experiencia chilena.1
2. Mientras se debilitaba en varios países el movimiento guerrillero rural cuyo golpe más duro había sido la caída del Che en Bolivia  y se producía un auge de las experiencias guerrilleras urbanas en Uruguay y Argentina, ocurría en Chile en septiembre de 19702 un hecho que conmovió a la izquierda latinoamericana y mundial: el triunfo electoral de Salvador Allende. Primera vez en la historia del mundo occidental en que un candidato marxista llegaba a través de las urnas a ser presidente de la República.

3. El triunfo de Salvador Allende planteó a las fuerzas opositoras la siguiente alternativa: o se respetaba la simple mayoría, como tradicionalmente se había hecho en Chile, o se trataba de impedir, por cualquier medio, que el candidato marxista asumiera el gobierno. Esta última fue la salida que trataron de poner en práctica las fuerzas más conservadoras. En un primer momento su esfuerzo se centró en conseguir que el Congreso eligiera a su candidato, Jorge Alessandri, que había obtenido la segunda mayoría relativa. Para lograr este objetivo no escatimaron medios: corrida bancaria, salida de dólares, campaña del terror, abandono de empresas, etcétera..
4. El sector freísta sector más conservador de la Democracia Cristiana (DC)  estuvo muy tentado de seguir este camino, sin embargo, sectores mayoritarios de ese partido se inclinaron por la salida de respeto a la primera mayoría relativa. Ellos vieron con gran lucidez que la quiebra de esta tradición llevaba al país al caos y a la guerra civil. Haber votado por Alessandri en el Congreso Pleno “era haberle dicho a un tercio de los chilenos que la vía democrática y la vía electoral estaba cerrada para ellos y que, más bien, deberían pensar en la violencia y en la ruta de la insurrección.”3 Pero su apoyo a la Unidad Popular (UP)4 no podía ser gratuito, su precio fue que el gobierno aceptara el Estatuto de Garantías Constitucionales, por el cual se comprometía a no tocar las fuerzas armadas, la educación y los medios de comunicación.5
6. Mientras se lograba este acuerdo, un sector de la ultraderecha dedicó sus energías a preparar un complot, interesando a sectores de los diversos partidos políticos de la oposición, a elementos de las fuerzas armadas y del gobierno saliente. El fracasado intento de asesinato del comandante en jefe del Ejército, el general René Schneider un general constitucionalista  alertó a la UP y le permitió realizar una campaña nacional acerca del carácter constitucionalista de las fuerzas armadas, determinando en gran medida el fracaso de esta alternativa.

La ofensiva de la UP

7. Allende finalmente asume el mando con el apoyo de la Democracia Cristiana el 4 de noviembre de 1970 comenzando así un nuevo período en la historia del país. El nuevo gobierno empieza en forma inmediata su ofensiva.
8. Para realizar las transformaciones estructurales que plantea su programa cuenta con algunos instrumentos legales importantes: La Ley de Reforma Agraria aprobada durante el gobierno de Frei, que aunque tiene una serie de limitaciones  le permite avanzar rápidamente en la expropiación de grandes latifundios.
9. Se dan los primeros pasos en la constitución del área de la propiedad social, “usando procedimientos legales que sin cuestionar la juridicidad del sistema vigente, representaban una vía cortada” para evitar que la oposición mutilara el programa a través del Poder Legislativo. Para ello se utilizó “un Decreto Ley promulgado en agosto de 1932, durante la llamada República Socialista, que se encontrara vigente.”6 El 2 de diciembre se anuncia la expropiación de la primera industria, la fábrica textil Bellavista de Tomé. El 27 de enero del año siguiente, la de Lanera Austral. El 11 de marzo se expropia la industria FIAP Tomé, el 26 de ese mismo mes, Fabrilana.
10. Luego de aprobada por la unanimidad del Congreso la Reforma Constitucional que permite la nacionalización del cobre y otras riquezas básicas, se expropian las grandes compañías extranjeras sin pagar indemnizaciones, debido al exceso de ganancias obtenidas en su gestión anterior.
11. En otro frente, el intento de reestructurar el sistema judicial proponiendo un proyecto de tribunales vecinales, provoca la primera gran reacción de la derecha. La UP decide retirarlo y éste queda archivado para siempre.
12. Sin embargo, la estrategia económica del gobierno popular se cumple ampliamente durante este primer momento. Se logra una redistribución considerable del ingreso. Se comienza una importante reactivación de la economía con el consiguiente aumento de la producción y del empleo. La cesantía que había alcanzado niveles alarmantes disminuye a un nivel inferior al logrado por los gobiernos anteriores. En el terreno financiero es donde se avanza menos: allí se cuenta con la resistencia de los empleados bancarios controlados por la DC, que dificultan la creación de la banca única.
13. Se lanza también una ofensiva en política internacional restableciéndose relaciones con Cuba e iniciándose, por primera vez, relaciones con China, Corea del Norte, Vietnam del Norte, Alemania Oriental, y otros Estados socialistas. El nuevo gobierno logra muy rápidamente el respeto y la simpatía de la opinión internacional, situación que se mantiene durante todo el mandato de Allende. Era el momento en que la izquierda europea buscaba cómo transitar al socialismo por la vía democrática. Si la revolución cubana había fortalecido las posiciones partidarias de la lucha armada, el triunfo de Allende sirvió de argumento para quienes defendían la vía pacífica.
14. La experiencia no duró sin embargo mucho tiempo, sólo algo menos de tres años. Muchos olvidaron que se había conquistado el gobierno y no el poder; que los poderes legislativo y judicial estaban en manos de las fuerzas opositoras; y que el pilar fundamental del estado burgués: el ejército, se mantenía intacto, protegido por el llamado Estatuto de Garantías Constitucionales.
15. La ofensiva del gobierno encuentra una oposición fraccionada, debilitada políticamente por su derrota electoral de septiembre y su frustrado intento golpista de octubre. No le queda otra alternativa que intentar derrocarlo nuevamente o desgastarlo paulatinamente para llegar a las elecciones presidenciales de 1976 con un candidato propio triunfador.
16. Mientras la derecha se debate en torno a diferentes estrategias, la fuerza manifestada por el gobierno en este período y una política de acentuada redistribución de ingresos, y de reactivación de la economía, logran aumentar el apoyo popular a la gestión de Allende en un grado considerable. Las elecciones de abril de 19717 así lo demuestran. En sólo cinco meses se logra pasar del 36 al 49 por ciento de la votación. Mirado retrospectivamente éste era, sin duda, el momento más propicio para aprobar un referéndum que permitiese llamar a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva constitución. Si se quería avanzar por la vía legal y pacífica, era fundamental cambiar las reglas del juego institucional.
17. El país vivía un clima revolucionario, de transformaciones profundas; un pueblo lleno de esperanzas se sentía dueño de su destino. Era un ejemplo demasiado peligroso no sólo para los poderosos de Chile sino para todo el mundo. Había que terminar con ese paradigma.
18. La derecha, sin descartar nunca el golpe militar, se planteó como objetivo estratégico desarticular por todos los medios posibles el bloque de fuerzas políticas y sociales que le daba mayoría parlamentaria y le podía permitir gobernar transformadoramente mediante la legislación existente. La principal fuerza política en disputa era el Partido Demócrata Cristiano y su base social de apoyo, fundamentalmente las capas medias y un sector de los trabajadores y pobladores de los barrios marginales. El asesinato el 8 de junio de 1971 de Pérez Zujovic, ex ministro del Interior del gobierno democratacristiano de Frei y hombre muy influyente dentro de la DC realizado por ex militantes de partidos de la Unidad Popular,8 le viene como anillo al dedo para conquistar ese objetivo. Este hecho permite al sector freísta de la DC recuperar el liderazgo dentro del partido.

Contradicciones dentro del poder del estado

19. Haciendo un balance de este período, podemos decir que, a pesar de los avances considerables realizados por el gobierno, los sectores populares aparecen como meros espectadores y sectores de apoyo del proceso. Los Comités de Unidad Popular, que habían tenido un extraordinario auge durante el período pre electoral, en su mayoría desaparecen luego del triunfo. Los partidos dedican todos sus cuadros a las nuevas tareas de gobierno, abandonando en forma significativa su trabajo en el movimiento popular.
20. Además de las movilizaciones de apoyo al gobierno, las únicas movilizaciones importantes en este período son las que se producen en las zonas mapuches, especialmente en Cautín y Valdivia: las llamadas “corridas de cerco” para recuperar tierras que les fueron expropiadas en épocas pasadas. El MIR9 las encabeza.
21. La decisión del gobierno popular de no usar la represión contra los trabajadores, anunciada públicamente, estimula aún más este tipo de acciones. Ellas afectan principalmente a sectores de pequeños y medianos campesinos y, de hecho, rompen con la estrategia agraria de la UP, que pretendía atacar en un primer momento sólo a los grandes latifundistas usando la legalidad vigente. La ultraderecha magnifica estas acciones y las aprovecha para iniciar su campaña de ilegitimidad del gobierno y para volcar a importantes sectores de las capas medias ?no sólo del campo sino también de la ciudad ? contra el gobierno de la UP, presentándolo como destructor de la propiedad privada.
22. Por otra parte, al ponerse en práctica la primera iniciativa importante para incorporar a sectores del pueblo a participar en el proceso: la creación de los Consejos Comunales Campesinos, aprobada en diciembre de 1970, surgen las primeras divergencias serias dentro de la UP.
23. Un sector concebía estos Consejos como la organización campesina a nivel territorial que agrupara a las diversas organizaciones campesinas existentes: los sindicatos, las cooperativas y los asentamientos. Pero este planteamiento tenía algunos inconvenientes: dejaba al margen de la organización a los pequeños propietarios independientes y al resto de los sectores todavía no organizados del campo, y daba la supremacía en ellos a la DC, debido a que este partido controlaba dos de las tres federaciones sindicales campesinas y la federación de asentamientos. La izquierda, especialmente el PC, controlaba una federación sindical.
24. Otro sector, en coincidencia con el MIR, insistía en la formación de los Consejos Comunales por la base, lo que permitiría, en principio, incorporar a todo el campesinado, aún el no organizado, y quebrar la dominación DC en las organizaciones campesinas. Los inconvenientes de este planteamiento eran: primero, la dificultad para hacer una elección verdaderamente democrática por la base sin que ella fuera manipulada políticamente por los partidos y, segundo, lo más serio, la división del campesinado al marginar de hecho a los sectores no UP.
25. Después de varios meses de discusión se llegó a un acuerdo a nivel de la dirección de la UP, pero, en la práctica, el carácter que tomaron dichos Consejos dependió de la orientación que cada partido les imprimió. Esto contribuye a dividir al campesinado más proletarizado, lo que junto a la pérdida de apoyo de un sector importante de pequeños y medianos propietarios, impide a la UP lograr en forma masiva el apoyo del campesinado al proceso. El aliado principal de la clase obrera no es ganado en la magnitud que estaba prevista, a pesar de los notables avances que se hacen en el terreno de la reforma agraria.
26. Por otra parte, durante este período de ofensiva de las fuerzas revolucionarias aparecen en forma muy clara los límites del Estado burgués chileno y de su legalidad. El exceso de centralismo impide tomar iniciativas y decisiones a nivel regional. Sin recursos económicos, todas las iniciativas locales quedan en el papel. El aparato burocrático y los distintos organismos del Estado cuentan con un cuerpo de funcionarios que, en su mayor parte, no participa de los nuevos objetivos que se plantea el gobierno. Allende sólo cuenta con cuadros de confianza en los niveles superiores.
27. De acuerdo a la Constitución vigente, la Contraloría rechaza el primer intento de crear centros de poder más allá de esta estructura, devolviendo el decreto que creaba los Consejos Comunales Campesinos. Sólo aprueba un proyecto que reduce su papel a organismos meramente asesores de los organismos del agro. Esto mismo vuelve a ocurrir más adelante con el decreto sobre las Juntas de Abastecimiento y Precios, creadas para luchar contra el mercado negro y la inflación.
28. A estos límites propios del Estado burgués se agregó el problema del “cuoteo político”: cada partido exigía disponer de una cierta cantidad de cargos para sus militantes en la administración pública. En cada ministerio, en cada organismo del Estado, se pretendió reproducir la representación de todos los partidos de la UP, con el sano objetivo de lograr allí una dirección integrada. Sin embargo, para que esto funcionara bien era necesaria la existencia de una dirección única del proceso. Y como sólo existía acuerdo en las líneas más gruesas del programa, a medida de que éste tuvo que irse concretando, fueron surgiendo contradicciones cada vez más marcadas entre los distintos partidos, y cada partido hacía su política dentro del organismo en que estaba representado. La ineficiencia del Estado burgués se ve así acentuada por la inexistencia de un criterio único de acción en cada ministerio, en cada organismo, donde cada partido aplica una política diferente.
29. Por otra parte, los partidos, para llenar sus cuotas a veces nombraban a personas no preparadas, ineficientes, oportunistas que habían ingresado recientemente a alguno de los partidos de la UP para lograr escalar, mientras se marginaba de sus cargos a una serie de personas independientes, pero eficientes y con experiencia.
30. La imposibilidad de que se implementasen iniciativas y decisiones a nivel local, porque se carecía de poder y recursos para hacerlo, daba a la movilización de masas un carácter de mera presión frente a los organismos centrales del Estado, contribuyendo a acentuar más aún la tendencia inherente del pueblo chileno a esperar que todas las soluciones viniesen desde arriba.
31. A ello hay que agregar que los incorrectos métodos de dirección que los militantes de los propios partidos de la UP formados en organizaciones muy centralistas practicaban, reducían su capacidad de realizar tareas concretas que permitiesen incorporar a la gente en el nivel local.
32. Otro aspecto que nos parece importante señalar aquí es que la estrategia política de la UP en relación a los sectores populares estuvo centrada fundamentalmente en el proletariado de los grandes centros industriales y mineros y del campo, es decir, en un sector que en cierta medida era privilegiado por su nivel de organización y de conquistas sociales alcanzadas, en relación con el resto de los trabajadores de las pequeñas industrias y pequeñas propiedades agrícolas y de todo ese inmenso sector de pequeños trabajadores por cuenta propia, sectores verdaderamente marginales de la ciudad y del campo. Este acento especial puesto en los sectores organizados del proletariado industrial urbano se reflejaba en la gran preocupación por el mejoramiento de la organización sindical, sin una preocupación similar por la organización de los sectores poblacionales. El interés por echar a andar los comités de producción en las grandes industrias y la no-implementación de los comités de vigilancia en las medianas y pequeñas industrias. La política de redistribución basada en el salario, que no alcanzaba a los sectores no asalariados de las poblaciones suburbanas. En este sentido, hay que reconocer que la DC tuvo una política mucho más inteligente en este terreno, preocupándose especialmente de la organización de estos “sectores marginales”.
33. Por último, a pesar de insistir en todos los documento de la UP acerca de la importancia de la incorporación de las masas al proceso, no se solían plantear tareas concretas que permitiesen que cada vez más gente se sintiese parte del mismo, ampliando así la base de apoyo del gobierno. Las tareas tendían a ser realizadas dentro de las estructuras de los partidos.

La contraofensiva de la ultraderecha

34. Como vimos anteriormente, el asesinato de Pérez Zújovic potenció el esfuerzo que llevaban adelante los sectores ultra conservadores por unificar a la oposición. Su estrategia estuvo orientada por 6 grandes objetivos:
35. Primero, intentar dividir a la coalición gobernante: la Unidad Popular. Esta tarea se realizó estimulando una supuesta línea divisoria entre partidos “marxistas” y partidos “democráticos”. También recurrieron al manoseado truco del anticomunismo, tratando de aislar a este partido dentro de la UP, acusándolo de intentar “apoderarse de todo el gobierno”, de “sectarismo incondicional a Moscú”, etcétera.
36. Segundo, mantener a toda costa el control de los medios de comunicación. En ese momento la oposición controlaba el 70% de la prensa escrita y 115 de las 155 radios que existían en el país, entre las cuales se encontraban las cadenas de mayor potencia.
37. Tercero, defender la propiedad privada. Usó todos los mecanismos legales y medios de presión a su alcance para dilatar la formación del área de propiedad social: el ejemplo más claro fue el proyecto de Reforma Constitucional presentado por la Democracia Cristiana para impedir la expropiación de un mayor número de empresas.
38. Cuarto, la creación de una conciencia anti Unidad Popular en las Fuerzas Armadas. Para ello explotó hábilmente todo aquello que pudiera dar la visión de un país “caótico”, “anárquico”, de “desgobierno y vacío de poder” y tendencias “totalitarias y antidemocráticas”. Y sin duda, el punto central de su campaña fue la denuncia de la existencia de grupos armados en desmedro de las únicas fuerzas armadas que debían existir en el país.10
39. Quinto, conquistar a las capas medias para un accionar contra el gobierno: apoyaron a supervisores que boicoteaban la producción en las minas de cobre, trataron de movilizar a los colegios profesionales, utilizaron a las universidades para experimentar sus líneas estratégicas.
40. Pero el objetivo fundamental, y el que le permitiría lograr varios de los otros, casi podríamos decir por añadidura, fue provocar el fracaso económico del gobierno popular. Las medidas empiezan a ser aplicadas inmediatamente después del triunfo electoral con la corrida bancaria, el contrabando de dólares, la paralización de algunas industrias, el cese de importación de materias primas y repuestos necesarios para el funcionamiento de las industrias, etcétera.. Las clases dominantes no sólo bloquean todos los intentos del gobierno por modificar la injusta estructura tributaria usando para ello su mayoría parlamentaria, sino que, al mismo tiempo, le niegan los recursos presupuestarios para llevar adelante sus planes de carácter social: reparto de leche, planes de salud, de vivienda y obras públicas. Buscaban así impedir que la UP pudiera mejorar el nivel de vida de los trabajadores y, al mismo tiempo, crear temor en los inversionistas extranjeros y empresarios nativos, provocando a mediano plazo un estancamiento productivo.
41. Este objetivo fue plenamente compartido por el gobierno de Nixon y los consorcios multinacionales, que realizaron una operación de cerco económico expresada en: reducción de créditos, obstaculización de la renegociación de la deuda externa, embargo de bienes por parte de las compañías expropiadas, divulgación internacional de la imagen de un país en bancarrota para cercarlo más desde el punto de vista financiero. El gobierno popular, que no quería afectar la capacidad de negociación de los trabajadores, no tuvo otra alternativa que ampliar la cantidad de dinero circulante, sabiendo que esto tendría que traducirse en fuertes presiones inflacionarias. Al mismo tiempo, la ofensiva del gobierno norteamericano le impidió mantener un volumen de importaciones alimenticias acorde con la mayor capacidad adquisitiva alcanzada por los sectores populares. Los problemas de abastecimiento se agudizaron día a día. Sobre esta base objetiva, los esfuerzos de la reacción se encaminaron a agravar la situación económica mediante la especulación, el acaparamiento y el fomento del mercado negro; mientras la prensa por ella controlada desataba una campaña sistemática destinada a proclamar el desabastecimiento y a constituirlo en el centro de sus ataques.
42. Así, en la medida en que el gobierno fue avanzando, se fue creando internamente una verdadera situación contrarrevolucionaria. Los primeros síntomas ya eran patentes cuando Fidel visitó Chile en noviembre de 1971. Cada vez más sectores sociales de la derecha y sus aliados fueron participando en política: en cacerolazos, manifestaciones callejeras, paros de transportistas, huelgas en el cobre, manifestaciones contra los militares. Mientras que las fuerzas opositoras aplicaban consecuentemente su estrategia, las fuerzas de la Unidad Popular no lograban ponerse de acuerdo en torno al qué hacer.
43. La situación se agravaba día a día. Finalmente Allende decide definir la situación llamando a un plebiscito. El mensaje presidencial estaba previsto para las once de las mañana del día 11 de septiembre. A esa hora las balas redujeron al silencio al heroico y consecuente mandatario chileno.

El golpe militar

44. Este golpe militar fue posible gracias al éxito de la contraofensiva conservadora. Mientras ésta se iba tornando más fuerte y las contradicciones en el seno de las fuerzas de izquierda que levantaron la candidatura de Allende se iban agudizando, una parte importante de los sectores medios, que había apoyado inicialmente el proyecto popular se fueron distanciando, con lo que se preparó el terreno social y político para el golpe militar.
Coincido con Jorge Arrate, dirigente socialista chileno, en que el proyecto de Allende era demasiado heterodoxo para el carácter ortodoxo de nuestra izquierda,11 cuyos planteamientos no se correspondían con los nuevos desafíos que el país estaba viviendo: cuando Allende hablaba del tránsito democrático al socialismo, sectores de la izquierda pintaban en los muros: ¡Viva la dictadura del proletariado!; cuando Allende hablaba de ganar a sectores de la burguesía para su proyecto, una parte importante de la izquierda reafirmaba que nuestro enemigo era toda la burguesía; cuando el presidente socialista luchaba por conseguir una conducción única del proceso, los partidos más fuertes: el Socialista y el Comunista, hacían públicas sus divergencias; mientras Allende quería consolidar lo avanzado en el plano económico: la estatización de las grandes empresas estratégicas, teniendo muy claro los límites del poder con que contaba, sectores de la izquierda se tomaban pequeñas empresas y pedían su nacionalización, exigiendo más radicalidad a Allende.
Por otra parte, si bien la dirección de la Unidad Popular y el propio presidente Allende tenían muy claro que sólo se podía consolidar el proceso chileno si se contaba con el apoyo de los militares, y coherentemente con esto se hizo todo un esfuerzo para ganarlos para la causa popular, se confió excesivamente en la tradición constitucionalista de las fuerzas armadas chilenas y no se trabajó suficientemente en la creación de una fuerza material propia.
Pero hay otra cosa más que sólo hemos visto después, a partir de las últimas experiencias vividas por el socialismo: que ese tipo de tránsito “pacífico” del capitalismo al socialismo usando los recursos y posibilidades de poder dentro de un sistema de democracia representativa no era un camino viable para realizar el proyecto socialista tal como se había aplicado hasta entonces en el mundo y que, por lo tanto, era necesario repensar el socialismo que se quería construir elaborando otro proyecto más adecuado a la realidad chilena. Eso era lo que Allende parecía intuir al usar su folklórica metáfora de socialismo con vino tinto y empanadas, que apuntaba a la construcción de una sociedad socialista democrática enraizada en las tradiciones nacional populares.12

1. Este texto fue elaborado para la revista inglesa Historical Materialism: Research in Critical Marxist Theory, Vol.11, No.3, Autumn 2003. Para confeccionarlo extraje informaciones de mi libro La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Siglo XXI Editores, España, 1ª.ed. 1999, 3ª ed.2000 y de un texto preparado para un libro sobre el documental de Patricio Guzmán, La batalla de Chile (1975), que luego fue publicado parcialmente en varios números de la revista chilena Encuentro XXI Nº 3,4 y-5,1995, bajo el título: La lucha de un pueblo sin armas .Los tres años de gobierno popular

2. El 4 de Septiembre de 1970 Salvador Allende triunfó con un 36 por ciento de la votación popular. Obtuvo 30 mil votos más que Jorge Alessandri, el segundo más votado.

3. Claudio Orrego, “La Elección de 1970…” en Política y Espíritu, N. 332, mayo de 1972, p.17.

4. Coalición o frente político conformado por el Partido Socialista (PS); el Partido Comunista (PC); el Partido Radical (PR); el MAPU y la Izquierda Cristiana (IC) (Estos dos últimos partidos fueron escisiones de la DC).

5. En Chile podía ser electo presidente el candidato que obtuviera la mayoría relativa de los votos siempre que éste fuera ratificado por el parlamento. Aunque había sido una tradición ratificar siempre al candidato con mayoría relativa, por la excepcionalidad del caso de Allende no se descartaba que esa situación pudiese variar..

6. Hugo Zemelman y Patricio León. “El Comportamiento de la Burguesía Chilena en el primer año del gobierno de la Unidad Popular”, en Revista de Sociología, N.1, agosto de 1972, p.4.

7. Elecciones de diputados y senadores.

8. La acción, de dudosa inspiración, es realizada por un comando de la VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo).

9. Movimiento de Izquierda Revolucionaria, una organización político militar de una izquierda extraparlamentaria, inspirada en la revolución cubana. No se integra a la Unidad Popular

10. Esto dificultaba enormemente cualquier intento de armar al pueblo para defender al gobierno popular.

11. Jorge Arrate, La fuerza democrática de la idea socialista, Ed. del Ornitorrinco, Santiago de Chile, noviembre 1985, p.175.

12. Tomás Moulián, La Unidad Popular y el futuro, en revista Encuentro XXI Nº3, año 1, Santiago de Chile, 1995, p.25.

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