Ciudades: ¿hay futuro?

Foto: NTN24
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Jorge Rojas R.

Nos convoca una reflexión sobre las ciudades del futuro, a propósito de la irrupción de un intento de poder político local en escenarios internacionales, siempre dominados por la lógica de los Estados que dicen representar a las naciones.

Hábitat III es uno de esos espacios de discusión en los que el esfuerzo principal se orienta al reconocimiento del rol de las ciudades y de los gobiernos locales en temas claves de la agenda urbana como expansión, territorio, cambio climático, saneamiento básico, espacio público, seguridad e inclusión y bienestar social.

Más que ciudades de futuro como acción articulada del deber ser y del discurso políticamente correcto que repetimos, una y otra vez, en los foros internacionales, cabe la pregunta sobre el futuro de las ciudades. ¿Hay futuro?

Esta presentación está pensada para contribuir al debate desde una reflexión y desde una experiencia concreta. Con esta advertencia, pregunto:

¿Cómo concebir ese poder local desde sus posibilidades y sus límites?

¿Desde qué ejes se pueden estructurar políticas locales que resuelvan asuntos locales enfrentando políticas nacionales e intereses multinacionales?

¿Cuál debería ser la relación de los gobiernos locales y las ciudadanías que habitan su territorio como acción institucional y como ejercicio de la democracia?

Veamos algunos aspectos que nos aproximan a estos debates:

1. Gobierno local no es poder real cuando de transformaciones se trata

La posibilidad de ejercer gobiernos locales con programas democráticos e incluyentes es todo un desafío al capital financiero, a la especulación urbana, a la industria y el transporte contaminante, a formas arcaicas de eliminación de residuos y a modelos de ordenamiento territorial fundamentados en la segregación socio espacial en detrimento de los grupos más vulnerables.

Un gobierno local puede sucumbir o adaptarse a ese poder real con fórmulas cosméticas de “desarrollo urbano sostenible” e igualdad para todos (con lo cual salva su responsabilidad sin importarle el futuro de la ciudad y el territorio). También puede enfrentar ese poder real, pero solo es posible con la participación y movilización ciudadana, reconociendo su poder constituyente local y su capacidad de gobernar desde la legitimidad en los temas cruciales que va más allá de la representación política.

Decirlo es fácil, hacerlo es asumir todos los riesgos, tal y como ocurrió en la capital de Colombia cuando se implementó el plan de gobierno llamado Bogotá Humana entre 2012 y 2015. Fue un gobierno que enfrentó con éxito destituciones, persecución y engaño desde el poder central, acciones de saboteo y desprestigio del gran capital y manipulación informativa desde las corporaciones mediáticas.

2. Las políticas públicas para ejercer gobierno con decisión de poder

Desde las grandes ciudades es necesario adoptar políticas públicas de largo plazo que trascienden cortos periodos de gobierno y proyectan modelos sustentables en correspondencia con compromisos internacionales asumidos por los Estados como los objetivos de desarrollo sostenible y las metas para enfrentar el calentamiento global y el cambio climático.

Hay por lo menos tres ejes para diseñar y adoptar políticas locales en esta dirección:

1) Segregación social, derechos sociales, superación de pobreza y condiciones de igualdad; 2) Adaptación de ciudades al cambio climático y mitigación de sus efectos: ordenamiento territorial alrededor del agua; y 3) Defensa y fortalecimiento de lo público: modelo de desarrollo, corrupción, participación.

En general los partidos de derecha que representan el gran capital mantienen su inmensa capacidad de imponer el modelo neoliberal en las grandes ciudades, priorizando la seguridad y la confianza inversionista sobre los derechos sociales y ambientales.

3. Gobernabilidad local y poder ciudadano

Expresiones de izquierda que han ejercido poderes locales no siempre han estado en función de una agenda transformadora y sucumben ante el capital (el caso de Bogotá). La izquierda va detrás de un moviendo social más progresista en temas del cambio climático y aún no perfila políticas más claras de seguridad. La corrupción es aún más grave cuando de movimientos progresistas se trata.

Es preciso reconocer a la sociedad en su diversidad. No hay una sola ciudadanía como concepto hegemónico y hegemonizante que termina excluyendo a las personas más vulnerables. Hay ciudadanías, en plural, que es una forma de reconocer la diversidad y respetar las diferencias como un camino para construir gobernabilidad.

Múltiples causas por defender, muchos derechos por conquistar y muchos sujetos sociales en acción que deben tener una repuesta del gobierno local cuyos miembros deben asumirse como servidores públicos y no como simples funcionarios.

El otro desafío es convertir estos sujetos sociales en movilización en sujetos políticos en acción. Los sectores más vulnerables no se transforman en un movimiento social que participe y ejerza presión cuando se retrocede en derechos sociales. El sujeto social se asume como un sujeto pasivo que no se transforma en sujeto político.

Ahora bien, nada más global que las políticas locales en un mundo interdependiente. Lo que se haga o deje de hacer en las grandes ciudades, en las ciudades intermedias y en los municipios, tendrá consecuencias e impactos sociales y ambientales más allá de las fronteras. Por eso es necesario profundizar y fortalecer la irrupción del poder político local en los escenarios internacionales, con voz y voto, pero sobre todo, de la mano de las ciudadanías como expresión de una nueva democracia urbana y territorial.

Jorge Rojas ha sido defensor de derechos humanos y activista por La Paz de Colombia en los últimos 25 años. Es comunicador social y tiene estudios de maestría en Relaciones Internacionales (Flacso). Fue secretario de Integración Social del gobierno de Bogotá 2012-2015.

Fuente: alainet.org

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