“El auge de Podemos es absoluta y radicalmente lógico y positivo”

"El auge de Podemos es absoluta y radicalmente lógico y positivo"
Testigo clave de medio siglo de
nuestra historia, así reza la última biografía de Antonio Garrigues
Walker, impulsor de uno de los bufetes más importantes de
Europa. Hablamos con él de la Operación Roca, intento en los años
ochenta de introducir un partido íntegramente liberal en el panorama
político español, en lo que iba a ser la implantación estatal de CiU,
partido que ahora quiere romper con el Estado. Conocedor de los
mecanismos del estado franquista y de la democracia, queríamos conocer
su versión sobre la evolución de este país.

¿Qué ha cambiado en todo este medio siglo?

Bueno, la humanidad se pasa todo el tiempo pensando que las cosas cambian, pero al final los sentimientos básicos de las personas no se alteran ni un milímetro. El sentimiento amoroso, el egoísmo, la vanidad, el ego siempre siguen siendo lo mismo. Cambiar, pueden cambiar las formas, los tiempos pueden acelerarse, las tecnologías, pero el ser humano realmente no cambia.

En mi caso, empecé a trabajar con veinte años. He visto muchas cosas, muchas crisis, entrar y salir de ellas. He visto modernizarse al país, internacionalizarse. Pero lo más importante, el cambio más trascendental y decisivo, ha sido en el papel de la mujer en la sociedad. Es lo que más ha enriquecido la calidad democrática e incluso la calidad económica.

De hecho, en estos momentos no hay otro país europeo donde el cambio sociológico de la mujer haya sido más importante y al mismo tiempo más rápido y menos traumático. Aún queda un largo camino por recorrer, quedan importantes restos de machismo, pero el cambio ha sido maravilloso. Dentro de poco se mirará como absurda una época en la que la mujer por tener hijos tenía que pagar un precio a veces decisivo para su propia carrera y su felicidad.

¿Por qué no se quiere solucionar este problema?

No sé por qué misterio nadie quiere abordarlo. O si se aborda es de la
forma más absurda, es decir, con un suicidio demográfico. La sociedad
europea no afronta este problema, digamos que solo da la vuelta a su
alrededor. En 2015 en España habrá más muertes que nacimientos. Somos un
continente envejecido. Y a un continente envejecido le pasa lo mismo
que a una persona envejecida, que tiene unos valores que no están en la
vida real, en la vida científica, no estamos en lo que está pasando.
Soportamos, aguantamos. Evitamos el proceso mental de la desmemoria,
pero ya no estamos ahí.

Y el caso es que la mujer no tiene hijos. Para asegurar la
población activa en España hay que tener 2,1 hijos. En Europa, el
promedio es 1,5 y en España, 1,3 con tendencia a la baja…

Un país envejecido pierde garra, curiosidad intelectual, sentido del
riesgo, ambición. Yo cuando tenía setenta y ocho años y ocho meses me
tranquilizaba pensando que no tenía ochenta, porque cuando tienes
ochenta tienes que plantearte de verdad que te queda un tiempo limitado
de vida, que tienes que vivir con algún tipo de esperanza, que no estás
acabado.

Pero me gustaría decirle a la gente que viene detrás que se va a
tener que acostumbrar a abordar los problemas auténticos. Los problemas
reales. He hablado del suicidio demográfico pero luego están las
desigualdades sociales. España es el país de Europa con mayor
desigualdad social. Es un problema que se mira con cinismo, como
diciendo que al final de la crisis se solucionará y se redistribuirá la
riqueza, pero esta crisis está durando más de lo que se podría imaginar.
Yo al menos no he vivido una más larga en mi vida y he sido testigo ya
de cuatro o cinco.

Por otro lado, el paro se ha convertido en un problema estructural. Y
la robótica industrial tiene ahora mismo un desarrollo espectacular,
eliminará miles y miles de trabajadores. En Estados Unidos se vivirá una
nueva era industrial cuando empiecen a buscar, en lugar de trabajadores
baratos, robótica.

Como abogado que es usted, se suele decir que el origen de la
crisis española está en una ley, la ley del suelo. ¿Tanto impacto puede
tener una sola ley para afectar a la economía tan profundamente durante
años?

Es que yo no creo que con la ley del suelo cambiara la economía. Fue
un instrumento necesario para regular el urbanismo. Lo que motivó la
crisis inmobiliaria española no fue la ley, fue el boom, el fenómeno de
la burbuja. La humanidad siempre ha vivido esas burbujas, momentos de
crecimiento que remiten y van para abajo. Ha pasado siempre y seguirá
pasando. En España la borrachera económica fue tremenda, con un espíritu
de codicia absoluto. Con esa felicidad que produce el enriquecimiento
instantáneo sin sacrificio. Con la ley del suelo lo que pasó es que si
uno tenía un territorio rústico y alguien movía la línea y lo convertía
en urbano pasaba de tener uno a tener no diez, sino cien. Esto fue lo
que pasó, no fue solamente la ley. Ahora mismo está pasando algo similar
en China.

Usted conoció los mecanismos del Estado franquista como
abogado de muchas empresas que querían instalarse en nuestro país y
luego los de la democracia. La corrupción inherente a la dictadura,
¿desapareció o prevaleció?

En general la corrupción nunca ha paralizado la inversión extranjera
en ningún país del mundo. No se valora. No tiene un impacto negativo
decisivo. En todo crecimiento económico se genera corrupción. Se da como
sobreentendida. Estoy en Transparencia Internacional y en la valoración
que hacemos de los países por percepción de la corrupción, España
empezó en el puesto veinte del ranking, luego ha ido bajando, pero es
que Italia estaba en el setenta. En China también el gran problema que
tienen es la corrupción

En Alemania hay quien dice que en España no se pueden hacer negocios si no tienes «contactos».

Entiendo que los alemanes nos puedan mirar con desconcierto, pero la
corrupción está presente en toda Europa, incluida Alemania. Por ejemplo,
el escándalo de la manipulación del Libor en el Reino Unido es un
problema de corrupción de magnitud mundial. España ha sido un país
corrupto, pero ahora es un país menos corrupto. Lo cual es una magnífica
noticia porque lo que se está poniendo de manifiesto a través de los
medios de comunicación y a través de los jueces es un castigo a los años
de la borrachera económica.

Se está metiendo en la cárcel a los que han cometido los casos de
corrupción. El problema es cuando los jóvenes ven que la corrupción no
para, pero el 90% de los casos que están en liza ahora son de los años
de la burbuja inmobiliaria. Por lo tanto, yo no quiero liquidar España
como un país corrupto. Ahora España es menos corrupta porque la gente se
ha dado cuenta del riesgo que entraña corromperse. Estoy seguro de que
en estos momentos habrá gente pasándolo muy mal si han procedido como
otros lo han hecho y ahora están pensando que también pueden ser
descubiertos en cualquier momento y caer. La justicia ha frenado la
corrupción. Y de cara al futuro lo hará la transparencia, obligar a
todas las instituciones públicas a que sean transparentes, a que cada
uno tenga derecho a preguntar a quien le dé la gana. Esa es la fórmula.

¿Seguro? Dicho así, parece que la corrupción pudiera eliminarse.

La corrupción es perfectamente controlable, basta con voluntad política. ¿Y la hay? Vemos que al menos se están poniendo medidas. La gente se preguntará que por qué no se ha hecho antes, pero lo que se está proponiendo es muy válido. Yo me resisto al proceso de autoliquidación de nuestros valores. España al contrario de lo que se dice ha demostrado que es un país resistente hasta límites admirables. Con una crisis tan profunda, una desigualdad tan profunda, que no se haya reducido la seguridad en las calles, o roto la convivencia, es un indicador. Vivimos una época de verdadera tranquilidad social. No digo que no haya movilizaciones, pero no se manifiestan de forma negativa.

Además, España ahora está creciendo más que los demás países europeos, incluida Alemania. Algo bueno tenemos que tener. Hay corrupción, desigualdad social, problemas territoriales, muchos problemas, pero no los cambio por los de Francia, por ejemplo. O los de Italia o los de Portugal. Holanda, un país tan virtuoso, que nos ha dado tantas lecciones de moralidad, está atravesando una época económica difícil, con una crisis grave. Yo suelo decirles a los jóvenes que necesitamos gente con mente global, que cojan un mapamundi y lo miren, que vean que en África hay problemas, que en China hay problemas. No hay un solo país en estos momentos sin problemas.

Eso sí, en Alemania cuando han tenido problemas han hecho una gran coalición. Es un país democrático en el que los dos grandes partidos llegan a acuerdos de salario mínimo, políticas sociales. No digo que en España sea buena una gran coalición de PP y PSOE, ni siquiera estoy seguro de que se pueda llevar a cabo, pero sí que debería haber consensos en determinadas materias, en sanidad, educación, justicia.

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