¿Fue Maastricht otro Versalles para la nación alemana? Una respuesta a Klaus Kastner

Klaus Kastner sugiere que los alemanes no puede simpatizar con mi analogía del rescate griego como un nuevo Tratado de Versalles porque en Alemania muchos creen que Maastricht fue otro Tratado de Versalles que les impuso Francia. Si bien no hay duda de que Francia intentó, y fracasó, a la hora de adoptar una actitud depredadora contra Alemania (y el Bundesbank, en particular), la analogía de Maastricht-Versalles es insostenible y evidentemente errónea, en marcado contraste con el paralelismo rescate griego-Versalles, que es el clavo.
La analogía Versalles alternativa de Kastner: Maastricht como una carga para Alemania
Klaus Kastner nos recuerda que, el 18 de septiembre de 1992, Le Figaro apareció con el siguiente texto en portada:
“Los opositores a Maastricht temen que la moneda común y el nuevo Banco Central fortalecerán la superioridad del D-Mark y del Bundesbank. Pero va a suceder exactamente lo contrario. Según Maastricht, Alemania tendrá que compartir su poder financiero con los demás. “Alemania pagará”, dijeron en la década de 1920. Hoy Alemania paga. Maastricht es el Tratado de Versalles sin una guerra”.
Kastner nos hace a continuación esta pregunta a nosotros, sus lectores:
“Si hubiera elección, ¿preferiría ser un deudor que debe miles de millones, pero que sabe que en el mejor de los casos finalmente pagará parcialmente la deuda o preferiría ser un acreedor que tiene miles de millones que reclamar, pero que sabe que eventualmente tendrá que hacer una quita importante, si no completa (sin haber previsto esas pérdidas)? No estoy diciendo que Grecia esté en la mejor situación. Todo lo que estoy diciendo es que los enormes costes caerán sobre Alemania una vez que ya no se puedan ocultar. Y no podrán ocultarse siempre, ¡eso es seguro!”.
Maastricht no fue un Versalles impuesto a Alemania
Kastner tiene razón en un aspecto importante: a finales de 1946 Francia fue persuadido por los Estados Unidos para que abandonase su insistencia de que la industria alemana debía ser arrasada a cambio de que Francia fue la administradora del mercado común europeo diseñado por los EE UU. En palabras inimitables de Charles de Gaulle: “La CEE es un coche de caballos: Alemania es el caballo y Francia es el cochero”. Y cuando unos años más tarde, en una discusión con Henry Kissinger, que le preguntó cómo iba a prevenir la dominación alemana de la CEE, Gaulle respondió: Par la guerre!
Kastner también está en lo cierto cuando sugiere que el grand plan de Jacques Delors  en el período previo a Maastricht, era usurpar la autonomía del Bundesbank vis-à-vis la política de tasas de interés y poco a poco subordinarlo a una Eurozona con una administración esencialmente francesa. El texto de Le Figaro refleja esa ambición. También refleja algo más: la lucha desesperada de las élites francesas para tratar de convencer a un escéptico electorado francés para que votara “sí” al referéndum de Maastricht (que casi fue un “no”). En este sentido, Le Figaro vendía una ilusión con la que esperaba convencer a los votantes: el espejismo de que Francia estaba a punto de conseguir otro triunfo sobre los alemanes, al aceptar la unión monetaria con Alemania. Por desgracia, por más insultante que fuese la campaña de propaganda para el pueblo alemán (y no tengo ninguna duda de que lo fue), se quedó en eso: en una triste campaña de propaganda que no tenía nada de verdad, como el pueblo francés, en el fondo, entendió.
Lo que Kastner se olvida de contarnos, es que la campaña de las élites francesas para subyugar el Bundesbank, para usurpar el poder industrial y financiero alemán, era algo que el Bundesbank había percibido y contra lo que había luchado con todas sus fuerzas. Primero la destruyó al permitir que el Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio colapsara (dar luz verde a George Soros para que especulase contra él) y después empujando a Francia a una recesión salvaje (con tasas de interés muy por encima de lo que París hubiera querido) que rompió la moral de las élites francesas. Entonces y sólo entonces, accedió el Bundesbank a la creación del euro.
Por eso defiendo que Kastner se equivoca: Maastricht no fue impuesto a una débil Alemania. Sucedió lo contrario. Una vez que las ilusiones tontas de las élites francesas (de que seguirían siendo, en palabras de De Gaulle, el cochero y Alemania el caballo) fueron cruelmente aplastadas por el Bundesbank (dando lugar a una recesión de combustión lenta permanente en Francia, – que ha fortalecido al Frente Nacional de forma permanente), sólo entonces Alemania aceptó Maastricht, asegurándose de que iba a funcionar estupendamente en su propio interés nacional.
En concreto, la zona euro ha funcionado como una moneda única dentro de la cual los excedentes alemanes crecerían inexorablemente ayudando a sus grandes empresas a financiar su impulso globalizador. Una parte de los excedentes que las empresas alemanas extraían de los países de la eurozona con déficit se utilizaron para crear capacidad en China, Europa del Este, Estados Unidos y América Latina. El resto de estos excedentes eran exportados por los bancos alemanes a la periferia de la zona euro financiando un crecimiento ponzi (propiedades inmobiliarias en Irlanda y España, y el sector público de Grecia), que alimentó, a su vez, la demanda de BMWs y Mercedes-Benzs.
Y cuando estas burbujas (causados por la financiación proporcionada por los vendedores via los bancos alemanes a la periferia) estallaron, los rescates que siguieron no fueron más que préstamos predatorios a efectos de garantizar que los bancos irlandeses no quebrarían (como debía ser), dejando de pagar a los tenedores de bonos alemanes y que Grecia no haría un agujero en los libros de cuentas del Deutsche Bank, etc. Que algunas de estas pérdidas fuesen trasladadas a los contribuyentes alemanes, después de años de bajísimos rendimientos de los bonos y un flujo masivo de capital de la periferia a los bancos de Frankfurt , difícilmente puede ser considerado un nuevo Versalles impuesto a Alemania ….
Desde esta perspectiva, ver Maastricht como otro Versalles impuesto a la nación alemana es tanto subestimar las autoridades alemanas de principios de 1990 (el Bundesbank en particular) como equivocarse gravemente respecto al registro histórico. También es echarle la culpa injustamente a los indigentes griegos, a los agraviados irlandeses etc..
El rescate fue un Tratado de Versalles para Grecia, para Irlanda y para el resto de la muy sufrida periferia de la Eurozona
En una nota final, Kastner argumenta que hay una diferencia “técnica” entre la Alemania posterior a la I Guerra Mundial y los predicamentos actuales de Grecia:
“Versalles exigía que Alemania pagase a los extranjeros (lo que supongo que no hizo, de todos modos). El memorando de 2010 obligaba a Grecia a apañarse con menos dinero extranjeros que antes. Sólo a partir de que el saldo primario tuvo superávit comenzó Grecia a sacrificar su gasto interno, dando prioridad a los pagos a los extranjeros. Así que desde ese punto de vista, el “Versalles griego” sólo ha comenzado una vez que Grecia volvió a tener superávit  en su saldo primario”.
?    Alemania no pagó, al final, las reparaciones acordadas porque era imposible hacerlo: los aliados habían impuesto unos pagos a la nación alemana derrotada que su economía no podía financiar.
?    Grecia, al final, tampoco podrá cumplir con los pagos convenidos de los préstamos, porque es imposible hacerlo: la troika ha impuesto unos pagos a la derrotada nación griega que su economía no puede financiar.
El paralelismo es evidente. La diferencia “técnica” de Kastner oculta una cruda realidad: Grecia nunca debería haber solicitado el dinero que tomó prestado de la troika. Ese préstamo fue impuesto a una nación insolvente por unos prestamistas dispuestos a transferir las pérdidas de los libros de los bancos del norte y hacerlas recaer sobre los hombros de, en primer lugar, los contribuyentes griegos y, más tarde, los contribuyentes europeos (entre ellos una pequeña parte de alemanes). Grecia fue tan rescatada por la troica como Alemania “salvada” por los aliados en 1919.
Epílogo
Una Europa racional nunca debería haber impuesto, y un gobierno griego virtuoso nunca debería haber aceptado, los préstamos depredadores también conocidos como el plan de rescate griego. Obligaron a Grecia en una situación similar a la de Alemania después de 1919. Interpretar estos préstamos como un plan de rescate de Grecia (y argumentar que solo se le pedía a Grecia vivir dentro de sus posibilidades), y al mismo tiempo defender que Maastricht fue una especie de Versalles impuesto al pueblo alemán, es socavar todo posible resto de esperanza que quede de que los europeos pueden encontrar un terreno común sobre la base de un compromiso mutuo con la Verdad y la Razón.
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

Fuente: sinpermiso

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