Jeferson Miola: “Se avecina una situación trágica para los sectores populares de Brasil”

El impeachment en Brasil y la presidencia de Michel Temer ha comenzado a notarse en medidas sociales como los derechos laborales. El excoordinador del Foro Social Mundial, Jeferson Miola habla de estos cambios y de las posibilidades para los movimientos de oposición al golpe.

Lola Matamala en DIAGONAL

Hace diez días que Brasil está gobernado por Michel Temer y hace uno que Teori Zavascki, miembro del Tribunal Supremo brasileño, ha desestimado el recurso que el abogado José Eduardo Cardozo presentó contra el impeachment de su clienta, Dilma Rousseff.

 

Jeferson Miola ha sido coordinador ejecutivo del quinto Foro Social Mundial y es integrante del Instituto de Debates, Estudios e Alternativas de Porto Alegre (Idea). Miola da su punto de vista de lo que sucede en el país.

¿Qué se está viviendo en Brasil?

Jeferson Miola: "Se avecina una situación trágica para los sectores populares de Brasil"
Jeferson Miola es integrante del Instituto de Debates,
Estudos e Alternativas de Porto Alegre
Foto: Diagonal

En Brasil estamos viviendo una pesadilla, una tragedia, o sea,
estamos en los primeros días de la consumación de un golpe de estado que ya no es un golpe con las características del siglo pasado, con las fuerzas armadas, la represión abierta y la tortura; las prisiones, la persecución a los partidos políticos y la censura a los medios, pero que tiene una naturaleza distinta, es un golpe parlamentario-mediático.
Que, por un lado no se apoya en la supresión de derechos civiles y políticos y por otro, perpetra una violencia contra la Constitución y la democracia. Este gobierno no tiene legitimidad pero va a implementar, de una manera temerosamente veloz, políticas que ponen fin a un ciclo progresista de conquistas sociales como la revisión de derechos de
jubilación y de los derechos laborales, por ejemplo. Incluso más que eso: comienza a mostrar su fase represiva.

En estos días, ¿qué reformas importantes ha realizado Temer?

En las primeras 48 horas de su toma posesión, el gobierno usurpador e ilegítimo ha destituido de la Comisión de Amnistía a 19 de sus 25 miembros y ha nombrado como coordinador a un coronel que hizo parte del proceso de represión en la dictadura: Manoel Gonçales Ferreira Filho [La Comisión de Amnistía tiene como objetivo reparar moral y económicamente a las víctimas de actos de excepción, arbitrio y violaciones de
derechos humanos cometidos por la dictadura militar entre 1946 y 1988. Esta comisión cuenta con más de 75 mil solicitudes de amnistía presentadas, n de la Ed]. Otra de las medidas que ya se están tramitando en el Congreso de Brasil es alargar la jornada laboral a 12 horas diarias.

 

Por lo tanto, aún no tenemos todos los elementos para evaluar la realidad, pero se avecina una situación trágica para los sectores populares y democráticos del país, con el inicio de un proceso de regresión de derechos y de subordinación de Brasil a los intereses de
las metrópolis imperiales. Es una etapa de la restauración neoliberal en su versión extremadamente conservadora y reaccionaria.

Volviendo al tema de la destitución la presidenta brasileña, hay que recordar que este impeachment no aparta a Dilma fuera del ámbito político…

Es importante decir que Brasil, por su Constitución, es una república presidencialista y el impeachment está tipificado. Pero, para que se concrete, hay una serie de exigencias que no fueron cumplidas por los golpistas. No sólo las voces políticas y jurídicas brasileñas lo
señalan, sino que las voces del mundo identifican la violencia que se ha producido contra la presidenta Dilma bajo pretextos falsos para derrumbarla del mandato presidencial conquistado con más de 54 millones de votos. Eso llevó a que el juicio fuera aprobado pero no con fundamentos jurídicos, sino por una situación de una mayoría parlamentaria que
adoptó criterios fascistas para producir razones falsas de acusación y así alcanzar un quórum favorable para la destitución de la presidenta sin el crimen de responsabilidad conforme exige nuestra Constitución. En la segunda votación, celebrada en el Senado, no alcanzaron el número de votos necesarios para quitar a la presidenta Dilma los derechos políticos. No es que sea una paradoja, sino que es una revelación muy marcada de que la ex-presidenta no ha cometido un crimen y por eso no consiguen castigarla quitándole los derechos políticos o el
derecho a ejercer funciones públicas.
Lo que sí hay que subrayar es que la mayoría de los 61 senadores que votaran por su destitución sí están implicados en crímenes o están investigados por corrupción.

Con este puesto de responsabilidad política, ¿Dilma puede ser juzgada por Petrobras o está aforada?

No está aforada porque ya no está ejerciendo ningún mandato, pero en dos años de investigación, no hay la menor evidencia de participación de la presidenta Dilma en este caso corrupción.
La operación llamada Lava Jato que investiga la corrupción en la Petrobras es importantísima y necesaria para saber qué ha ocurrido y demostrar que esta trama no ha nacido en el gobierno del PT. La corrupción en esa empresa estatal estratégica es denunciada en estos momentos solamente porque los gobiernos de Lula y Dilma fortalecieron la Policía Federal, concedieron autonomía al Ministerio Público y no
permitieron que las investigaciones fueran amordazadas y encerradas siempre cuando se acercaban de los poderosos o de políticos.

 

La crisis, el impeachment, y el golpe nos obliga a una reflexión sobre el fin del ciclo del gobierno progresista en Brasil que, a su vez, también representa el fin de una política de conciliación de clases
El sistema político brasilero es caótico, sufre fuerte influencia del poder económico y es muy tendente a la corrupción. Es un sistema mantenido para favorecer el poder del dinero y del capital sobre la política y la democracia. El gobierno de coalición presupone la
cohabitación con fuer zas representativas en el parlamento que pasan a ocupar puestos en el gobierno para mantener las cadenas de corrupción incrustadas desde siempre en el Estado. El pecado del PT fue haberse mantenido fiel a ese dogma de gobernar con los enemigos, sin el contrapeso que da el apoyo de las gentes en las calles para asegurar el
cumplimiento del programa elegido por la mayoría del pueblo.
Es importante destacar que, mas allá de la importancia de operaciones como la Lava Jato, no debemos ser ingenuos. Esta operación, desde su  inicio, fue instrumentalizada y dirigida no para tratar del tema de la corrupción, pero para combatir a los gobiernos del PT y, especialmente, para castigar a Lula, destruyendo su imagen con el objetivo muy claro de aniquilarlo y convertirlo en inviable para las próximas elecciones.
El gobierno golpista de Temer sí que está integrado por una mayoría de políticos corruptos y procesados por varios crímenes –su líder en el parlamento es investigado incluso por homicidio– pero ellos, ni de lejos reciben el tratamiento que los medios, el Ministerio Público, la Justicia y la Policía Federal dispensan a Lula y a políticos
identificados con el PT .

El partido de Temer lleva en coalición con el PT desde hace muchos años y uno de los hombres clave es el ministro Henrique Meirelles.

Lula y Dilma, por ejemplo, fueron elegidos con más de 53% de los votos, pero el PT nunca ha conseguido obtener más que 14% de las caderas parlamentarias, por lo que el gobierno electo se obliga a construir lo que acá se llama “presidencialismo de coalición”. Se montan coaliciones muchas veces sin coherencia programática y sin ninguna identidad ideológica. De esta manera, hay políticos que no son del PT, aunque han participado de los gobiernos de Lula y de Dilma.
Desde mi punto de vista, considero que tenemos el tiempo de evaluar lo que ha sucedido, sobre todo, lo concerniente al PT. Más tarde o más temprano debemos afrontar este debate. La crisis, el impeachment, y el golpe nos obliga a una reflexión sobre el fin del ciclo del gobierno progresista en Brasil que, a su vez, también representa el fin de una
política de conciliación de clases.
Está demostrado que la capacidad de tolerancia de la burguesía y de la clase dominante brasileña dura en cuanto no existe un conflicto distributivo. A partir de 2008-2009, con la crisis del capitalismo mundial que empezó en Europa y en EEUU, acabó la tolerancia de la
oligarquía respecto a  esos gobiernos de recorte popular y sus políticas distributivas.
Esos sectores, comandados por el entonces vicepresidente Michel Temer, pasaron a conspirar, a traicionar a Dilma y a sabotear las políticas gubernamentales para crear un ambiente de inestabilidad y de crisis.
Considero un elemento crucial poder evaluar en el futuro la naturaleza de la clase dominante brasileña. Los gobiernos de corte democrático y popular se han desarrollado en contextos de hegemonía de oligarquías racistas, misóginas y autoritarias. Ése es otro aspecto importante que debemos tener en cuenta no sólo para la reconstrucción del PT, sino para la recomposición del conjunto de la izquierda brasileña.

¿Esta situación producirá un cambio de rumbo en las aspiraciones de Brasil fuera de sus fronteras?

Brasil es la séptima potencia económica mundial. El golpe también produce un cambio sustantivo en la política externa del país, comprometiendo sobre todo la integración regional. Eso afecta de manera clara al Mercosur, Unasur pero ,sobre todo, tiene efectos graves en el diseño geopolítico internacional.
En la última década, Brasil ha desempeñado un papel importantísimo en el sistema mundial. Su participación fue decisiva, por ejemplo, en la construcción de los BRICS al lado de China, Rusia, India y África del Sur, hecho que cambia las relaciones geopolíticas mundiales. En el mismo sentido, se puede destacar el papel de nuestro país para la
construcción de la paz en el mundo y para la cooperación sur-sur: lLa actuación en Latinoamérica así como en el continente africano, es una evidencia de eso.

¿Hay un cambio de ciclo forzado contra los gobernantes que ejercieron políticas progresistas en la región?

Comparto la idea de que los procesos que atravesamos en América del Sur no son fenómenos casuales. Estamos viviendo una ola de restauración neoliberal con características reaccionarias que revisan las libertades civiles y los derechos duramente conquistados en los últimos 15 años en la región. Tengo la sensación de que no es algo autónomo e inocente, creo que esos cambios están siendo apoyados y ensayados desde fuera de la región. Hay dos referencias claras en este sentido: el Golpe de Estado contra Zelaya y el Golpe en Paraguay cuyo rito sumario se realizó en 24 horas. Estamos ante ensayos golpistas de nuevo tipo para derrumbar a gobiernos progresistas.
Los golpes de hoy no son perpetrados por las fuerzas armadas, tal como ocurrió en los 60, 70 y hasta mediados de los 80 en América Central. Este neogolpismo de hoy está  utilizando dinámicas distintas que ya no están basadas en golpes militares clásicos. Ahora se hace a través de financiación de organizaciones no gubernamentales, poseen mayor
facilidad de propaganda en los medios, el mercado ejerce presiones terroristas. Pienso, por ejemplo que si en Argentina no hubieran podido conseguir derrotar electoralmente al Scioli, se estarían enfrentando una realidad golpista como la nuestra.
Lo que tienen en común los golpes de estado de hace 30 años enAmérica Latina con el neogolpismo de hoy es que hay una influencia queviene desde fuera pero con una nuevo traje.

Ante las protestas contra el gobierno de Temer y estas reformas que ya están realizando, ¿cree que habrá elecciones anticipadas en Brasil?

En Brasil hay un amplio frente de fuerzas de izquierda de partidos y de otras organizaciones no partidistas que no  reconocen este nuevo gobierno. Solamente la realización de elecciones presidenciales anticipadas restaura el estado de derecho en Brasil, pero aunque sea importante la consigna Elección yá, fora Temer!, y que la
resistencia esté organizada, no creo que haya una correlación de fuerzas para lograr la anticipación de las elecciones.
Es más, creo que tampoco tenemos la garantía de que se den en 2018. Me parece que es muy temprano para poder identificar cómo se comportarán los sectores que tomaron el poder y cómo se tomarán la Constitución y el ordenamiento jurídico vigente.
No hay garantías de que tengamos elecciones, hay que estar atentos para que se convoquen conforme prevé la Constitución. Creo que en el paquete de medidas que van a adoptar no cabe la palabra elecciones. En ese caso estaríamos ante un golpe dentro del golpe.

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