La alternativa. O esperanza o cinismo

Las presiones soportadas por Pedro Sánchez muestran hasta qué punto el “sistema” teme un cambio real. Tras el “no” a Rajoy, es necesario dar pistas creíbles sobre un diálogo que avance en el “sí” para un gobierno alternativo

Acabó el proceso de investidura para la presidencia del Gobierno sin presidente investido. El candidato del PP, Mariano Rajoy, que llegaba como presidente en funciones tras mandato de triste memoria, ha sabido lo que es morder el polvo, comprobar que sabe a tierra y que ésta mancha. Pero ha experimentado en sus carnes que más mancha la corrupción y que es esa mancha la que ha hecho que su figura sea la de la irresponsabilidad misma, la de la indignidad, a la cual apenas nadie quiere acercarse porque la mancha se extiende de continuo y contamina todo lo que tenga alrededor. Es por eso que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en sus arrebatos de sinceridad, confesaba su asco por el aliado a quien se había vinculado con un precipitado pacto llamado a ser pronto agua de borrajas.

El “no” del Partido Socialista, esgrimido con encomiable tenacidad por su secretario general, ha sido, sin duda, el motor de la dinámica de una investidura destinada a ser fallida por esa misma negación. Las presiones soportadas por Pedro Sánchez, ésas que, viniendo de fuera, han traído sello hasta de la City londinense y del poder que centrifuga dominio desde Nueva York, muestran hasta qué punto lo que llamamos el “sistema” teme un cambio real.

Ciudadanos tendría difícil no abstenerse después de habérselo pedido insistentemente al PSOE, su anterior partner

Igualmente ocurre con las que se han producido desde dentro, que han ido desde las presiones de una sospechosa letanía mediática rogando que el PSOE se abstuviera para dar paso a un nuevo Gobierno del PP, hasta las ejercidas desde las estructuras orgánicas del PSOE por jefecillos territoriales celosos de sus parcelas de poder y, por ello, llamando a rebato, bajo el eufemismo de convocatoria a la reflexión, para que el partido cambiara su decisión de votar “no” al candidato Rajoy, insistiendo en lo responsable de una abstención que le permitiera gobernar. Hasta ahora, esfuerzos inútiles ante un secretario general que encuentra apoyo en una militancia del todo reluctante a cualquier concesión a una derecha antisocial, autoritaria y corrupta. Sin embargo…

Resulta, sin embargo, cuando la victoria del “no”, gracias a la suma de los 85 votos socialistas con 95 de otras fuerzas políticas, hunde en la derrota a los 170 de las derechas –básicamente el PP con los votos de Ciudadanos-, que no por ello se respira en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, entre las mismas fuerzas del “no”, un ambiente consonante con su éxito. Apenas si levantan el tono las enigmáticas palabras de Pedro Sánchez afirmando desde su condición de secretario general socialista que las “fuerzas del cambio” han de dialogar para encontrar una salida a la situación de bloqueo que se vive, y decir que, sin duda, el grupo parlamentario socialista va a estar en “la solución”.

¿Hacia dónde apunta la salida a la que alude Pedro Sánchez, quien enfatiza que implicaría evitar las indeseables terceras elecciones? ¿Señala el secretario general socialista a la búsqueda de un pacto con Unidos Podemos, al que pudiera sumarse Ciudadanos, que tendría difícil no abstenerse después de habérselo pedido insistentemente al PSOE, su anterior partner? ¿Incluiría el mismo a partidos nacionalistas? ¿Qué piensa sobre el papel que pueden jugar los independentistas catalanes? Las incertidumbres en torno a estas preguntas –siempre con el tema tabú de una consulta en Cataluña rondando sobre ellas– son las que pueden erosionar la credibilidad del mensaje lanzado sugiriendo que pudiera darse la tan deseada posibilidad de un gobierno alternativo al no logrado por el Partido Popular. Necesario es dar pistas creíbles sobre un diálogo que debe avanzar en serio, sin esclavizarse al calendario electoral marcado por los comicios ya convocados en Euskadi y Galicia.

Es más, las señales sobre un diálogo que fluyera en la dirección indicada incrementarían las expectativas de las izquierdas en sendas elecciones autonómicas y, lo que es especialmente importante, transmitirían a la sociedad un mensaje de esperanza que cada día es más urgente que se emita a la vista del escepticismo, el hastío y la desafección política que en la misma se extiende como ácido corrosivo que amenaza con dar lugar a peligrosos deslices hacia la antipolítica. La dirección del PSOE no debe seguir entre circunloquios evasivos o entre contradicciones al dar a entender que se puede intentar un gobierno presidido por Sánchez y decir simultáneamente que no tiene intención alguna de postularse para ello.

Unos medios de comunicación difunden sin atisbo de crítica que el candidato del PP no merece que se le apoye, sino por sentido de Estado

Con todo, más allá de los escarceos del batallar político, lo importante al dibujar el horizonte de una alternativa a la derecha en estos momentos cruciales es transmitir esa esperanza de la que tan carentes estamos. No se trata de alimentar la mera expectativa de que algo sucederá. Lo urgente es impulsar la confianza en una razonable salida digna para el bloqueo en que nos hallamos, no por tener una llave mágica, sino por concitar la unión de voluntades que, más allá de las diferencias, se aplicaran a superar en serio el bloqueo producido por un PP que ha taponado la cerradura para poder abrir la puerta al futuro solidario y digno que en España anhelamos.

Convocar a la esperanza es armarse de la voluntad política colectiva para derrotar al cinismo en el que se han instalado las derechas y sus corifeos mediáticos —incluidos los que iban por la vida de “progresistas” o “independientes”—, los cuales no han cejado, ni lo harán, en su prédica del más irresponsable pragmatismo, apelando en falso precisamente a la responsabilidad. Es muestra de cinismo hablar de regeneración democrática y mantener en el banco azul del Congreso a un ministro del Interior que utiliza recursos del Estado para conspirar contra adversarios políticos; lo es prometer un pacto educativo cuando se siguen haciendo decretos para aplicar la injusta LOMCE; lo es también hablar de crecimiento del empleo cuando se sabe que va a disminuir y que el generado es de lo más precario.

Es cinismo instalarse con vehemente arrogancia en la defensa de la unidad de la nación española con actitudes excluyentes. Es cinismo chantajear descaradamente a una sociedad diciendo “o yo o el caos”, anunciando además una caótica jornada electoral intencionadamente puesta en día de Navidad. Es cinismo presentarse como adalid anticorrupción —la instalación en la mentira es tal que nadie se la cree— y proponer a un ministro dimisionario por los papeles de Panamá para que represente a España en el Banco Mundial.

Es cinismo proponer a un ministro dimisionario por los papeles de Panamá en el Banco Mundial

Pero, por otro lado, encontramos el cinismo ejercido también desde unos medios de comunicación que difunden sin atisbo de crítica las opiniones de quienes dicen que el candidato del PP no merece que se le apoye, pero hay que hacerlo por sentido de Estado. O que se recojan opiniones reconociendo que Rajoy es el “más vetado” aunque haya sido el “más votado”, pero pidiendo que se le dé paso a la presidencia del Gobierno, por el bien de España. Es cínico concluir sesudas columnas periodísticas aseverando que no estamos hablando de moral sino de política; es decir, dando a entender que hay que ensanchar las tragaderas de la ciudadanía para aceptar la inmoralidad en la política.

El mismísimo Kant, a pesar del rigor de su ética del deber, ya decía que no es solución el moralismo político, pero que sí es exigible una política moralmente orientada. A eso se debe el “no” vencedor en el Congreso de los Diputados. Pero en la batalla contra el cinismo y todo lo que de injusta e incompetente política este encubre, los motivos de ese “no” exigen su continuidad en el “sí” para un gobierno alternativo que con buenas razones se demanda y cabe aún esperar como posible.

Es por eso que en un “no” que suscita esperanza se quiere ver la interpelación a la responsabilidad para lograr un pacto constructor de alternativa. ¿Ingenuidad, buenismo? No; simplemente consciencia de que el cinismo político es letal para la democracia en la misma medida en que la corrupción enquistada en las instituciones acaba con su autoestima, bien intangible de primera necesidad. Vale concluir por ello con las palabras con las que el filósofo Peter Sloterdijk cierra su Crítica de la razón cínica: “Las malas experiencias ceden ante las nuevas oportunidades”. No se abren las oportunidades si no lo hace una esperanza militante.

Fuente : CTxT – José Antonio Pérez Tapias*

Es miembro del Comité Federal del PSOE y profesor decano de Filosofía en la Universidad de Granada. Es autor de Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional. (Madrid, Trotta, 2013)
@japtapias

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