La conciencia tranquila de Dilma. ¿Se puede decir lo mismo de sus verdugos?

La conciencia tranquila de Dilma. ¿Se puede decir lo mismo de sus verdugos?

Con
un
discurso coherente y una postura nuevamente orgullosa, serena y
digna ante los
verdugos, la presidente Dilma Rousseff asegura un lugar en el
panteón de las
víctimas de la injusticia histórica. Si este golpe se concreta,
y parece que lo
hará, Dilma va a estar al lado de João Goulart, Salvador
Allende, Juana de
Arco, Sacco y Vanzetti y tantos otros grandes hombres y mujeres
inmolados por las
fuerzas reaccionarias “en nombre del pueblo”. Al igual que
ellos, la
palabra “honor” se adapta como un guante a la biografía de
Dilma. En
el lado opuesto, en el de los cobardes y traidores, estarán los
que la condenaron,
y esto incluye a los lamentables medio de comunicación que
dominan nuestro
país.

“La
historia se repite, la primera vez como tragedia y la segunda
como farsa”:
la frase de Marx se hace eco en nuestras cabezas como una mala
broma. Es
imposible no comparar la presencia de Dilma en el plenario del
Senado, cercada
de las aves de rapiña de traje y corbata, con la famosa foto de
la joven Dilma
rodeada de los cuervos de verde oliva y los quepes del tribunal
militar de la
dictadura. Pero, por extraño que parezca, el ejército logró
tener un mínimo de
vergüenza en la cara y optó por ocultar los rostros del registro
de la
historia. Los golpistas de hoy ni ese pudor tienen y caminan con
el rostro descubierto
y todavía cazan, como moscas, a los reporteros de la televisión
para que los exhiban
frente a las cámaras.

La
propia
Dilma se encargó de recordar la semejanza trágica entre los dos
episodios.
“No cometí ningún delito de responsabilidad. Los cargos contra
mí son
injustos y poco razonables. Cesar definitivamente mi mandato es
como someterme
a una pena de muerte política. Este es el segundo juicio al que
estoy sometida en
el que la democracia tiene un asiento, conmigo, en el banquillo
de los
acusados”, expresó.

“La
primera vez, fui condenada por un tribunal especial. De aquella
época, además
de las marcas dolorosas de la tortura, quedó el registro, en una
imagen, de mi
presencia ante mis verdugos, en un momento en que los miraba de
frente, ya que
ocultaban sus rostros, por temor a ser reconocidos y juzgados
por la historia.
Hoy, cuatro décadas después, no hay detención ilegal, no hay
tortura, mis
jueces llegaron aquí con el mismo voto popular que me llevó a la
Presidencia.
Tengo para todos el mayor respeto, pero mantengo la cabeza
erguida, mirando a
los ojos de mis jueces”.

La
conciencia de Dilma brillaba en su voz, ahogada a veces, y en su
mirada. ¿Quién
allí, entre los que la juzgaban en aquella sala podría decir que
también está
con la conciencia tranquila? ¿Quién de los que dieron el
veredicto anticipado
de “culpable” a la presidenta, podría decir que duerme el sueño
de
los justos? ¿Quién entre los participantes de ese escenario
tiene de hecho estatura
moral para condenarla? ¿Y quién lejos de la Cámara del Senado,
en la
tranquilidad de sus hogares, puede afirmar con el corazón
abierto que se está derrocando
una presidenta honesta por el bien de nuestro país? La mentira
es incompatible
con el amor a la patria, a pesar de las camisetas verde amarillo
de la
selección con las que estas personas salieron a las calles para
pedir la cabeza
de una mujer inocente.

Yo
y
muchos brasileños, votantes o no de Dilma, vamos a seguir
defendiendo su
mandato hasta el final. No porque encontramos en su gobierno el
mejor de los
mundos; no porque estemos de acuerdo con todo lo que Dilma hizo
en su cargo;
sino por una cuestión de principios, porque esto es lo que hay
que hacer.
Personas verdaderamente honestas tienen principios y nunca
renuncian a ellos.
Sólo los corruptos renuncian a sus principios.

Vuelvo
a Dilma: “A los casi setenta años de edad, no será ahora,
después de ser
madre y abuela, que vaya a abdicar de los principios que siempre
me han guiado.
Ejerciendo la presidencia he honrado el compromiso con mi país,
con la
democracia, con el estado de derecho. He sido inflexible en la
defensa de la
honestidad en la gestión de la cosa pública. Por lo tanto, antes
de que las
acusaciones contra mi sean expuestas en este proceso, no puedo
dejar de sentir,
en la boca, nuevamente, el sabor áspero y amargo de la
injusticia y la
arbitrariedad. Y por eso, como en el pasado, resisto. No esperen
de mí el obsequioso
silencio de los cobardes”.

Es
un
principio básico de la democracia no condenar a los ciudadanos
injustamente.
Cuando esta premisa -fundamental en cualquier sociedad
considerada
“civilizada”- se viola, entramos en la barbarie. Cuando esta
regla inquebrantable
se rompe, todo puede estar permitido: que entren en nuestras
casas en medio de
la noche, que secuestren a nuestros hijos, padres, hermanos y
hermanas, y arresten,
torturen y maten a la gente sólo por manifestarse contra el
autoritarismo. Esta
película ya la vimos antes.

“No
tengo ninguna duda de que, esta vez también, todos seremos
juzgados por la
historia. Dos veces vi de primera mano la cara de la muerte:
Cuando fui
torturada durante días seguidos, sometida a crueldades que nos
hacen dudar de
la humanidad y del propio sentido de la vida; y cuando una
enfermedad grave y
extremadamente dolorosa pudo haber abreviado mi existencia. Hoy
en día sólo
temo la muerte de la democracia, por la que muchos de nosotros,
presentes aquí
en esta Cámara, luchamos con el mejor de nuestros esfuerzos “,
recordó
Dilma.

Nunca
olvide, presidenta: la historia está de su lado. No es sobre su
cabeza que
estará estampada la marca de golpista, de enemiga de la
democracia, y mucho
menos de corrupta. En cuanto a los que ahora la condenan, por
desgracia, sabemos
que poco les importa el juicio de la historia. No les preocupa
ni les importa el
sucio papel que están desempeñando frente a la nación e incluso
frente a sus
familias. Consumar este golpe les significará a los derrotados
en las urnas lo que
siempre persiguen: dinero y poder. ¿Qué representa tener una
conciencia
tranquila, frente a lo que para ellos es la verdadera razón de
existir?

(Traducción
ALAI).- Fuente
en portugués http://www.socialistamorena.com.br/

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