La disputa es por la vida, pero sin miedo a la muerte

Alejandro Azadî  / Remitido

¿Qué fuerza a los kurdos y las kurdas a luchar? ¿Qué los fuerzas a resistir con tanta tenacidad ante el imperialismo, los colonialismos y la guerra? ¿Qué les hace sostener una sonrisa placida, un abrazo suntuoso, una alegría rebelde?

¿Qué los sostiene en este mundo, de tanta miseria y desazón, que les profundiza el amor por los otros y las otras?

¿Qué los hace sobrevivir por una revolución, a punto tal, de auto coaccionarse y censurarse el hirviente deseo de un beso, la sabia placentera del cuerpo humano? ¿De dónde nace tanta abnegación, tanto ímpetu, tanta algarabía?

¿Cómo ante el oscurantismo se puede vivir tan pleno, ante el sufrimiento se puede sobreponer con entereza el ser, ante la humillación se puede tener tan altiva la frente y solidificado el espíritu?. Es que es sencillo, son “nacidos bajo un sol brutal, no se olvidan de su fragilidad”.

¿Cómo pueden los seres humanos no albergarlos en sus casas, cuidarlos en su soledad, abrazarles en su exilio? ¿Cómo no pueden los seres humanos estrecharles una mano de amistad, abrigarles con una mirada de respeto, hablar de ellos con un amor fecundo? ¿Cómo podemos no querer luchar codo a codo con su causa, la causa que sea de todos y todas, la causa por una comunidad de iguales? ¿De dónde es que nace tanto fervor hacia lo imposible, que es el triunfo en lo posible de vivir altivamente? ¿Qué nos puede quedar a los anarquistas, a los comunistas, a los socialistas, a los verdaderos demócratas, a los revolucionarios y las revolucionarias, sin la causa kurda?

Es que es sencillo, un “revolucionario verdadero esta guiado por grandes sentimientos de amor” ¿Cómo no buscarnos en ellos y en ellas, dignificándonos, como seres humanos, si mientras tanto vivimos encerrados entre paredes de mentiras, ideas que nos inmovilizan, caricias fabricadas con botox, alimentos que nos estupidizan, caminos trazados como si fuéramos marionetas, pasando horas, días, meses, años, décadas, vidas enteras, detrás de un sistema que siempre nos promete la justeza y nunca se dispone a dejarnos saborear la vida? Es que es sencillo, “ser libres no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás” Pero claro, esto es una revolución y no todo es un florecer en primavera

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