La imprescindible convergencia

Análisis del resultado de las elecciones europeas del 25 de mayo en el Estado español. Lecciones para la izquierda real.

Remitido por : José López
José López es autor de los libros Rumbo a la democraciaLas falacias del capitalismoLa causa republicanaManual de resistencia anticapitalistaLos errores de la izquierda¿Reforma o Revolución? Democracia y El marxismo del siglo XXI así
como de diversos artículos, publicados todos ellos en múltiples medios
de la prensa alternativa y disponibles en su blog para su libre descarga
y distribución.

El resultado de las pasadas elecciones al parlamento europeo no ha lugar a dudas: el bipartidismo está en claro retroceso, aunque todavía insuficiente. No debemos conformarnos mientras el PPSOE sea la opción más votada. La alta abstención demuestra que una gran parte de la ciudadanía no encuentra una opción política en la que depositar su confianza. El voto a la izquierda del PSOE ha aumentado considerablemente, pero dividido sobre todo entre IU y Podemos. Leyendo sus respectivos programas electorales cualquiera podía constatar que eran prácticamente idénticos. Ambos defendían un rescate ciudadano, es decir, políticas que beneficien a la mayoría social, ambos abogaban por el desarrollo de la democracia, por una democracia real, mucho más participativa. Francamente, nos lo pusieron muy difícil a quienes creemos que hay que cambiar las cosas a través de las urnas.

¡Urge un gran frente electoral unitario de cara a las próximas elecciones generales! La realidad es muy tozuda y nos dice clara e insistentemente que en la unidad está nuestra fuerza. Hay que ponerse manos a la obra cuanto antes para conseguir una unidad sólida, construida seriamente y sin prisas, una alianza para una lucha global (no sólo en el frente electoral), abierta a sindicatos y organizaciones sociales, en base a un programa político mínimo común, en base a una metodología lo más democrática posible que dé el máximo protagonismo a las bases, a los ciudadanos, y en base a la aceptación de las discrepancias, siempre que éstas sean secundarias, y en el caso de los partidos mencionados y otros, sin duda, lo son. La unidad no es lo mismo que la uniformidad. ¡No debemos conformarnos con algunas migajas en las instituciones políticas, debemos aspirar a gobernar, a alcanzar el poder político! Mientras sigan gobernando los mismos, las cosas seguirán igual, incluso peor. Vivimos momentos históricos que requieren decisiones históricas, trascendentales, a la altura de las circunstancias. Está mucho en juego.

De cara a conformar dicho frente unitario es ineludible tener en cuenta la realidad. IU es la fuerza más votada a la izquierda del PSOE. Sin embargo, la impresionante entrada en escena de Podemos demuestra que esta formación política ha despertado la ilusión de muchos ciudadanos. Su éxito es el éxito de un líder inteligente y elocuente, con las ideas claras, que ha sabido aprovechar la oportunidad que le brindaron los medios de comunicación, que sabe al mismo tiempo apelar a la razón y a la emoción, que sabe combatir en el frente ideológico no cayendo en las trampas de la caverna mediática. Su éxito es también el éxito de una estrategia consistente en dar el máximo protagonismo a las bases, a los ciudadanos, en practicar lo que se proclama, en aspirar sin complejos a convertirse en fuerza mayoritaria.

Por tanto, si se quiere construir un amplio frente electoral de izquierdas, dichas formaciones, entre otras, deben converger. El éxito de Podemos debe servir también para que dicha formación no se conforme ahora con cualquier tipo de alianza. Si en apenas cuatro meses de existencia ha logrado casi el mismo apoyo popular que IU (superándola incluso en algunas comunidades autónomas), es que va por buen camino, es que debe ser sobre todo IU quien debe replantearse las cosas. Si ésta no lo hace corre el serio riesgo de verse superada rápida y contundentemente. IU no ha sido capaz de canalizar suficientemente el descontento de las clases populares, de la izquierda potencial, la mayoría ciudadana. Mucha gente sigue viendo a IU como un apéndice del PSOE. El gobierno de coalición con el PSOE en Andalucía (que, según reconoce IU, es prácticamente lo mismo que el PP), entre otros graves errores, es una importante lacra para la principal formación política que pretende ser una alternativa al bipartidismo. Mientras IU no rompa definitivamente con el PSOE, mientras sigan existiendo grandes contradicciones en ella, mientras sus modos de actuar se parezcan demasiado a los de los grandes partidos en algunas cuestiones, IU no podrá por sí sola alcanzar el poder político. Y todo esto sin contar con los prejuicios ideológicos de muchos ciudadanos. El revulsivo de Podemos es también un claro toque de atención a IU, la cual debe reconsiderar muy seriamente su estrategia general. Por supuesto, mucho de lo dicho para IU es válido también para Podemos, lo que le ha ocurrido a IU también puede ocurrirle a Podemos. Este partido deberá ahora demostrar con los hechos sus aparentes buenas intenciones, en particular, no deberá caer en la trampa de plantearse coaliciones con el PSOE, con la falsa izquierda. La confianza depositada por sus electores no es un cheque en blanco, es una oportunidad histórica. Podemos no debe renunciar a su programa político (el cual no será el principal escollo para converger con otras fuerzas de izquierda, especialmente IU, pues es casi idéntico) ni sobre todo a su metodología, a darle el máximo protagonismo a las bases, a los círculos Podemos, a los ciudadanos en general, pues es, precisamente, en dicha metodología donde radica su verdadero éxito. En mi humilde opinión, es IU la que debe mover ficha, la que debe reconocer que la estrategia de Podemos es más acertada.

La coherencia debe ser absoluta en cualquier formación política que pretenda transformar radicalmente la sociedad. Hay que practicar con el ejemplo. La credibilidad ante la ciudadanía es esencial. Yo creo que IU debe de una vez por todas demostrar con los hechos, y no sólo con las palabras, que el PSOE es casi lo mismo que el PP, por tanto no cabe ningún tipo de acuerdo con dicha formación de derechas disfrazada de izquierdas. Yo pienso que también IU debe tomar buena nota de que una gran parte de la población está demandando nuevas formas de hacer política. Cualquier formación política transformadora que aspire al poder, a canalizar el descontento popular, a ser apoyada en las urnas por una mayoría social, debe abrirse a la gente, entre otras cosas, permitiendo primarias abiertas. Si, como decía IU en su campaña electoral, el poder es de la gente, ¿por qué cerrarse a ella? Como decía Lenin, la clase obrera es más revolucionaria que el partido más revolucionario. Al menos, potencialmente, diría yo. El programa político de Podemos, consensuado en un debate abierto a la ciudadanía, así lo demuestra. Quienes tenían miedo a obtener un programa político poco de izquierdas abriendo el debate a la gente corriente, han podido comprobar que ese miedo era infundado.

El 15-M, que fue un movimiento que partió de la misma ciudadanía, al margen de las organizaciones de izquierda tradicionales (al menos de sus élites), así lo atestigua, incluso se fue radicalizando, haciéndose cada vez más anticapitalista. A ello contribuyó la gran labor de activistas de izquierdas, de militantes de la izquierda anticapitalista tradicional, que en contacto directo con las masas consiguieron que éstas poco a poco fuesen concienciándose de que el problema es el propio sistema capitalista y su falsa democracia. El 15-M, a pesar de sus contradicciones y carencias, supuso un antes y un después, puso en la agenda política de este país el proceso constituyente, la necesidad de tener una democracia real, la revolución. Asimismo, las marchas de la dignidad del 22-M demostraron que es posible la unidad popular. La izquierda real, por fin, está empezando a despertar, pero no se puede obviar el hecho de que muchos ciudadanos, trabajadores en su mayoría, desconfían de la izquierda tradicional, de los partitos políticos, de la política. Por consiguiente, la izquierda debe defender sus ideas sin insistir mucho en que son de izquierdas, y los partidos que pretendan ganar la confianza de un electorado mayoritariamente desilusionado deben diferenciarse netamente de los grandes partidos corruptos, tanto por el fondo como por las formas, tanto por lo que dicen como por lo que hacen, tanto por sus objetivos como por sus métodos.

La única manera de combatir los prejuicios es prescindiendo de etiquetas, es centrándose en los contenidos. Lo importante son las ideas y no las banderas ideológicas. La única manera de ganarse la confianza de la ciudadanía es practicando la coherencia y dándole a ella el máximo protagonismo. Lo crucial, insisto, es practicar con el ejemplo. Hablan más los hechos que las palabras. Quienes luchamos contra este alienante e injusto sistema capitalista debemos, ante todo, ser coherentes. Sólo así, además de con tesón, con paciencia, con humildad (pues todo proceso revolucionario es un proceso de aprendizaje en el que todos podemos enseñar y aprender, nadie está libre de cometer errores), con astucia, con estrategias inteligentes que se adapten al lugar y al momento, prescindiendo de dogmatismos y de sectarismos, con una amplia perspectiva que nos permita distinguir lo principal de lo secundario (lo cual nos posibilitará construir la imprescindible unidad), podremos alguna vez alcanzar el poder con suficiente apoyo popular para empezar a cambiar de verdad la sociedad.

¡Sí se puede, pero unidos!

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