La renuncia de Soria: una desgracia para el banco mundial y para Canarias


La presión fue extraordinariamente fuerte. No sólo fue la opinión
pública en el Estado español, en la que se incluía la de sectores del
propio Partido Popular, abochornandos por los posibles efectos que su nombramiento podría acarrearles, sino que el mismo Mariano Rajoy vio
amenazado el pequeño margen de maniobra de que dispone en sus
operaciones de fontanería institucional, para la formación de un nuevo
gobierno. El precio que había que pagar por la candidatura de Jose Manuel Soria a la dirección ejecutiva del Banco Mundial podia ser políticamente demasiado alto, aunque este nombramiento hubiera sido sugerido por  el mismísimo cuadro directivo del Ibex 35.

La renuncia de Soria: una desgracia para el banco mundial y para CanariasA todo ello, vino agregarse  el escándalo que la designación suscitó
en los medios internacionales. La prensa y la TV de todo el mundo,
conocedora  de que cuando uno de estos grandes pejes huele a podrido lo
más prudente es marcar distancias, cayó a degüello sobre él. ¿Cómo era
posible que todo un Gobierno en funciones se atreviera a proponer a un
exministro sorprendido, de manera flagrante, con los bolsillos repletos
de “papeles panameños“, para una Dirección Ejecutiva en el Banco Mundial?
¿Cómo era posible que osaran avalar la candidatura de un probado
embustero compulsivo para la administración  de una institución
económica que carece, precisamente, de la más mínima credibilidad ante
todos los pueblos del mundo? Eso era como si a EE.UU. se le hubiera ocurrido, después del affaire del Watergate, proponer a Richard Nixon para la Secretaría General de las Naciones Unidas.
La verdad es que la avalancha fue, más que arrolladora, brutalmente
sísmica. Por otra parte, estaba claro que si su candidatura no era
anulada en España, lo sería posteriormente, el próximo noviembre, en el sanedrín del Banco Mundial.
Ni siquiera una institución como esta, fuertemente enmierdada en su
gestión internacional, podía permitirse el lujo de aceptar directivos
con trayectorias biográficas tan embarradas como la de Soria.
Por fin, José Manuel Soria,
el prepotente, el arrogante, el pagado de sí mismo, el que cada mañana
cuando se levanta se pone al mundo por montera,  se vio obligado a
doblar humildemente la cerviz. Y, nuevamente, su figura se vino al suelo
hecha añicos.
Aseguran fuentes del gobierno, que el ex superministro de Industria, Turismo y Medio Ambiente, el hombre que controlaba  el 70% del Producto Interior Bruto del país  y que diligentemente lo ponía al servicio de las empresas del Ibex,  dirigió este lunes una  discreta carta al Secretario de Estado de Economía,  en la que, dolido, presentaba su renuncia al codiciado puesto de Director Ejecutivo del Banco Mundial.
Teniendo en cuenta  cuál es la desnaturalizada esencia  de esa
institución financiera internacional, hay que reconocer que el Banco Mundial acaba de perder, sin duda, una valiosísima  aportación. El Banco, que tiene como generosa función
financiar a los más ricos, ya no podrá contar con el asesoramiento de
un cualificado técnico, especialiizado en cómo moverse en los paraísos fiscales y en crear empresas fantasmas destinadas a la evasión  del pago de “onerosos”
impuestos. Tampoco podrá contar con una portavocía ante los medios
capaz de liar  con embrolladas explicaciones  a los más conspicuos
representantes de la prensa y la TV. 
Banco Mundial. Para los canarios, el posible retorno de Soria a las Islas resultará también un desgraciado infortunio, una desoladora calamidad.

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