La segunda muerte de Vaca Muerta

El jefe de la mayor
trasnacional  argentina, Paolo Roca,
advirtió en el habitual encuentro de fin de año con sus proveedores: “Vaca
Muerta no es Arabia Saudita”. La advertencia en boca del CEO de Techint, que
no se caracteriza por hablar demasiado en público y cuya actividad depende en
gran parte de la suerte de la industria petrolera, en tanto peso pesado como
fabricante mundial de caños de acero sin costura para oleoductos y gasoductos,
constituye un cable a tierra ante tantos delirios que disparó el yacimiento
Vaca Muerta. 

Como bien se lo
ha comparado, Vaca Muerta pasó a ser el Dorado
del Siglo XXI. Se avizora que en algún momento se termina el boom de la soja,
por consiguiente los especuladores locales y extranjeros quieren inflar otra
burbuja. Pero como en aquella leyenda del Siglo XVI, ninguna ciudad de oro
espera enterrada en una selva (o bajo tierra) de la América del Sur, a los
nuevos Conquistadores como a los anteriores puede que les aguarde la derrota. 

La segunda muerte de Vaca Muerta

La explotación de
Vaca Muerta con el método de la estimulación hidráulica (fracking) significa “asegurar  el consumo de petróleo por 300 años” llegó a profetizar
un directivo de la industria. Optimismo por todos lados para atraer  inversores internacionales, a tono con el
acuerdo de YPF con Chevrón, una asociación poco transparente, con una empresa
experimentada en el “shale”. Sobre ello vale repasar el artículo de Claudio  Lozano que fue publicado en SIN PERMISO hace más
de un año.

Empero, la
realidad ha sido otra. La economía mundial no se encaminó a la recuperación que
algunos esperaban;  los efímeros rebotes
de la crisis fueron seguidos de nuevas recesiones  o un escenario de estancamiento, pérdida de
empleos y caída de los precios de las materias primas. 

Comprende a todos los
productos que han sostenido el crecimiento argentino de la última década,
comenzando por  los precios de la soja
que no paran su declinación, los minerales  -sobre los que se cifraban grandes esperanzan
por su explotación a gran escala -, y ahora la espectacular baja en las
cotizaciones del barril de crudo.  El
hundimiento del precio del petróleo en los últimos días provocó una pérdida del
20 por ciento en las cotizaciones de las acciones de YPF, arrastrando en su
caída a todos los papeles de mayoría de las empresas argentinas que cotizan en
Bolsa. El valor de las sociedades en la Bolsa de Buenos Aires registra un
retroceso del 34 por ciento en lo que va del cuarto trimestre. Para encontrar
un quebranto semejante hay que remontarse al tercer trimestre de 2001 (39 por
ciento), en momentos de agonía del plan de convertibilidad que tumbó al gobierno
de Fernando de la Rúa, en una de las mayores crisis de la historia económica
argentina. 

Por cierto que no
estamos en 2001, pero descascarando la retórica y la publicidad oficial, la
conducción de la economía muestra el verdadero rostro de un ajuste ortodoxo. No
obstante, la inflación no se detuvo más que en los manipulados números
oficiales y sigue castigando a la mayoría de los asalariados, jubilados y
trabajadores informales. Asimismo se han perdido miles de puestos de trabajo
por la retracción de la actividad económica, que se estima del 3,9 por ciento
en octubre con relación a igual mes del año pasado, mientras la producción
industrial se contrajo el 6,4 por ciento para igual período. La recesión y el
estancamiento parecen haber llegado para quedarse por un tiempo y no por culpa
de los buitres, sino porque los problemas estructurales que afectan a la
economía argentina no se han intentado modificar.

Axel Kicillof
aplica una política de ajuste con la mascarilla de un heterodoxo.  Termina con un resultado ni chicha ni
limonada. De nada vale mostrarse iracundo, sin corbata para la foto en la
reunión del G20, pero desembarcando en un jet privado que le costó al Tesoro (a
todos y todas)  un alquiler de 5 millones
de pesos, mientras ministros  de países
del primer mundo y hasta reinas viajan en aviones de línea. Un doble discurso
donde se cree que prohibiendo  la
difusión de indicadores de las variables económicas que no sean las cifras
oficiales puede otorgar alguna credibilidad al INDEC. 

Hablar de desendeudamiento,
cuando crece la deuda. La frutillita el postre la dio el nuevo canje de la
semana pasada, con el lanzamiento de un bono con vencimiento 2024,  a una tasa en dólares del 10 por ciento anual,
apuntando a aliviar los vencimientos del año próximo. El objetivo era captar
3.000 millones de dólares, pero sólo con 1.000 millones en Economía brindaban
y  prendían los fuegos de artificio. Colocaron
sólo 286 millones. El desamparo es abrumante si comparamos con Bolivia, que
coloca todos sus bonos en el mercado internacional a una tasa del 3 por ciento
anual, a 50 años. El corolario es que en 2015 habrá más ajuste y más deuda.

 Los números de
Vaca Muerta

“La crisis energética argentina en general, y
de la producción de hidrocarburos en particular, no es atribuible a factores
exógenos inesperados. Es resultado directo de políticas públicas erráticas,
atentas a cuestiones de corto plazo, desalentadoras de la inversión,
distorsivas de precios relativos, tendientes a favorecer a ciertos grupos
empresarios en un contexto de concesiones y licitaciones arbitrarias”, esta
caracterización de Rubén Lo Vuolo (mayo de 2012), se mantiene totalmentevigente y el pronóstico sobre el papel de YPF allí formulado se confirma.

Los precios del
petróleo se han derrumbado en una guerra que amenaza dejar a varios jugadores
fuera del tablero. El análisisde Michael Roberts me releva abundar en esta materia. 

Volviendo a las
palabras de Roca (Techint) en el aludido encuentro: los pozos de Vaca Muerta no
son rentables por definición, afirmó. 
Ciertamente, no descubrió la pólvora, pero recordó algo que era conocido
por veteranos geólogos y expertos de YPF (muchos ya jubilados o muertos) desde
hace más de 50 años: la existencia de la 
formación de Vaca Muerta. Hay que decir que también se había
experimentado la estimulación hidráulica. 
Lo que hace actual el fracking son los cambios en el mercado mundial, en
los precios, es decir, en el capitalismo. 
Todo ello no es gratis para la humanidad en términos
de cambio climático, por el daño ambiental que supone el uso de las nuevas
técnicas aplicadas.

En otras palabras, lo que dice Techint con pesar, pues son parte del negocio,
pero con apego a la realidad es que, por más contabilidad creativa que pueda desarrollar
el equipo de Miguel Galuccio – o desde su asociada Chevron, más cercanos a las  famosas y nefastas experiencias del 2008), el
fracking es posible a partir de un determinado precio del barril.

Siempre se dijo
que ese umbral estaba entre los 84 y 89 dólares por barril, según las
cotizaciones.  Frente a una mayoría de
grandes empresarios nacionales y ejecutivos de transnacionales, Galuccio  intentó convencer que con precios menores
también es factible. ¿Cuál es el piso? No lo dijo. Si nos atenemos a la respuesta
de esta semana, los llamados mercados parecieran no estar muy convencidos.

YPF y sus
empresas asociadas y contratistas han desplegado gran actividad  en el yacimiento,  desde 2012, perforando  en Loma La Lata Norte y Loma Campana, ambas
localidades de Neuquén. Ahora Shell está comenzando a perforar en Mendoza.  La producción por medios no convencionales
(fracking) representa diariamente unos 3.500 m3 (unos 2.200 barriles),
alrededor del 5,6 por ciento del total de la producción nacional.  Esto no es un mal resultado, pero el diablo está
en los detalles.  El primer detalle es
que el gobierno está resuelto a mantener la ficción de un valor para el barril
de 84 dólares (lo que como decir subsidiar a las compañías que invierten en
Vaca Muerta), el segundo es esas cifras son una foto del pasado, y finalmente  que los expertos no están tan seguros de la experticia
de Chevron en los pozos verticales (de menor costo) para este tipo de
yacimiento. En Vaca Muerta, los pozos verticales no ha dado el resultado
esperado. Logran romper la roca bituminosa y aflora una producción que
justificaría la inversión durante los primeros siete días, pero el fluido cae
luego a un nivel que deja de ser una inversión rentable. Técnicamente se dice
que la roca no permea.  De modo que ahora
apuntan a los pozos horizontales, que tienen un costo muy superior, mayor
infraestructura, consumo (despilfarro) de agua, arena, químicos y por lo tanto
mayor daño ambiental.  Mendoza Shell ya
comenzó perforaciones horizontales.

De todos modos,
como dice el refrán Dios aprieta pero no ahorca, por lo menos a los argentinos.
La caída del precio de barril, que podría matar a Vaca Muerta, disminuye la
cuenta de importaciones de combustibles. Este año la factura por combustibles
será menor a la de 2013, que fue un mazazo de 13 mil millones de dólares.  También colabora un menor nivel de actividad;
cae el consumo de gas oíl y de nafta súper con relación al año pasado (un plano
inclinado en los últimos meses), pero en el caso de YPF, en el último mes
aumentó la venta de la nueva nafta sin plomo y de mayor precio (Infinia),
probablemente por efecto de la campaña publicitaria de su lanzamiento y porque
a sus consumidores no les afecta tanto la crisis, ni esta ni las que puedan
venir.   La importación cae asimismo porque se
incrementó a un 10 por ciento el agregado de alcohol a las motonaftas y de
biodiesel al  gas oíl. Sin embargo, el
gobierno y las petroleras parecen no haberse enterado de la baja del crudo en
el mercado mundial, porque para el consumidor argentino los precios de los
combustibles treparon el 60 por ciento en los últimos doce meses.

Carlos Abel Suárez  / SinPermiso

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