Lecciones de Grecia II

El gobierno de Syriza nos muestra el camino, pero se queda a mitad de camino. Sus errores también deben ser considerados en la guerra internacional contra el neoliberalismo y el capitalismo.

Remitido | José López
Lecciones de Grecia II

Tras el rotundo éxito del no a
la austeridad en el referéndum del pasado 5 de julio, el gobierno de Syriza
finalmente ha cedido mucho más de lo esperado. Dicho gobierno se ha encontrado
una situación muy difícil, no cabe duda. Nadie discute acerca de la enorme
dificultad de enfrentarse a la dictadura (internacional) del Capital. Pero lo
que resulta bastante inexplicable para cualquier ciudadano (mínimamente concienciado
e informado) es por qué Tsipras ha cedido tanto en la negociación. No hay más
que ver las caras que se les quedaron a las distintas partes: sonrisas por
parte de la Troika, caras largas, muy serias, de los negociadores griegos. A
grandes rasgos, Syriza ha conseguido muy poco, que por fin haya habido cierta
negociación y vagas promesas sobre un alivio de las condiciones de reembolso de
la deuda (pero nada sobre una posible quita). Los resultados prácticos son
claros: Grecia ha tenido que ceder mucho más que la Troika y Syriza se descompone
apenas unos meses después de alcanzar el poder político, viéndose obligado el
gobierno a adelantar las elecciones generales. El capitalismo internacional no
puede estar más satisfecho: la idea de que no hay alternativas se puede asentar
todavía más en la población europea y mundial. ¿Qué mejor prueba que un
gobierno de la izquierda radical practicando el neoliberalismo, aunque
suavizándolo un poco? Para hacer este viaje mejor hubiera sido no hacer ninguno.
Esta derrota de Syriza le puede costar muy cara al pueblo europeo, empezando
por el griego.

No cabe duda de que no es
posible luchar contra el capitalismo, ni siquiera contra su versión más
radical, el neoliberalismo, en dos días. Se necesitará mucho tiempo para
superar el actual sistema. Pero cualquier gobierno que pretenda empezar a
hacerlo debe actuar con mucha responsabilidad, con mucha coherencia y con mucha
valentía. Si no es posible hacer mucho en poco tiempo, pongamos por caso en una
legislatura, no hay que prometer (es decir, incluir en el programa electoral)
aquello que no va a poder hacerse. O en todo caso, hay que explicarle
claramente al pueblo las posibles políticas a aplicar, dadas las dificultades
que habrá. Por ejemplo, en el caso de Grecia, diciendo que no se va a poder
impedir seguir aplicando políticas de austeridad durante cierto tiempo, que éstas
sólo podrán superarse gradualmente, o diciendo que se va a intentar negociar
con Europa para evitar salir del euro pero que si no es posible se le planteará
al pueblo la posibilidad de salir del euro. En esto yo creo, si la información
de que dispongo es correcta, que Syriza no ha tenido suficiente coraje. Debería
haber dejado las cosas más claras en su programa electoral. Y debería haber
gestionado con más determinación el resultado favorable en el referéndum del 5
de julio.
Y es que un gobierno que
realmente pretenda transformar la realidad tiene una labor tremendamente
difícil que requiere hacer equilibrios muy complejos. Para partir de la
realidad a transformar debe ser al principio moderado, aspirando a
radicalizarse cuando sea posible o necesario. El abrumador no en el mencionado
referéndum le dio una oportunidad al gobierno de Tsipras para radicalizarse.
Creo que debería haber dicho en la campaña por el no que si no fuera posible
evitar seguir con las políticas de austeridad impuestas por la mafia
internacional (con la complicidad de la nacional) Grecia debería plantearse muy
seriamente salir del euro. Tras dicho referéndum, en vez de tomar la iniciativa
Grecia, la tomó la Troika. Y en toda negociación ésta la gana quien lleva la
iniciativa. La tibieza del gobierno de Syriza en la negociación explica su
fracaso. Tibieza que le llevó incluso al extremo de quitar de en medio al
ministro de finanzas Varoufakis para agradar a sus contrincantes. Es verdad que
Grecia es David y la Troika Goliat. Pero Tsipras contaba con una baza que, tal
vez, le pilló por sorpresa: un contundente apoyo de su pueblo en las urnas. El
pueblo griego no se dejó amedrentar. Mejor hubiera sido que Tsipras no lo
hubiera convocado si no lo iba a escuchar. Y mejor hubiera sido dimitir o convocar
un nuevo referéndum pidiendo esta vez la salida del euro antes que claudicar,
que convertir en papel mojado las papeletas mayoritarias por el no a la
austeridad (porque en esto no hay dudas sobre lo que dijo el pueblo griego ese histórico
5 de julio).
Soy muy consciente de que todo
esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, que un país al borde de la quiebra,
asfixiado económicamente, no tiene mucho margen de maniobra, pero, todo
gobierno que pretenda luchar contra el sistema establecido debe prever las
maniobras que hará éste para torpedearlo. Cuando uno se mete en una guerra debe
ser consciente de las armas del enemigo y prepararse para ella, pensando
distintas estrategias para combatirlo. Muy ingenuo había que ser para pensar
que la Troika no iba a hacer lo que ha estado haciendo. Creo que si un simple
ciudadano corriente, como quien escribe estas líneas, sabe perfectamente que el
enemigo en una guerra nunca se queda de brazos cruzados, alguien que se dedica
a la política desde hace unos cuantos años debe saberlo mucho más. Teniendo en
cuenta todo lo anterior sólo podemos llegar a dos conclusiones posibles en
cuanto al comportamiento de Syriza: ingenuidad extrema o traición. A no ser que
haya algo más por ahí que se nos escapa a los ciudadanos de a pie. En las
próximas semanas saldremos de dudas.
Syriza

Pero, a día de hoy, la
sensación que nos ha quedado a muchos ciudadanos es que Syriza se ha sometido a
la voluntad de la mafia política y económica internacional. La negociación que
podía haber surgido tras el 5J se convirtió en claudicación. Al pueblo griego
se le tenía que haber dicho claramente que la alternativa a la Europa del euro
era salir de la zona euro y recuperar la soberanía nacional. Creo que hubiese
sido mejor que el gobierno griego hubiera dicho (como ya hizo) que su voluntad
era permanecer en la Europa del euro, pero que también su voluntad era sobre
todo sacar a su pueblo de la pesadilla de la mal llamada austeridad en que está
sumido, incluso si fuese necesario renunciando a dicha Europa. Grecia hubiera
hecho mucho más por ella misma y por una Europa distinta saliéndose de la
Europa actual que sometiéndose a cualquier precio a ésta. La prioridad debe ser
siempre el pueblo para cualquier gobierno que pretenda cambiar el estado de
cosas actual. Pero no, el resultado final es que Grecia permanece en el euro y
los griegos, impotentes, ven cómo un gobierno al que le habían dado un mandato
para salir de la austeridad sigue con ésta, aunque un poco suavizada. Syriza
creó muchas expectativas entre las clases populares de Grecia y Europa y en muy
poco tiempo las ha defraudado en gran medida. El mal hecho es enorme. Es lo que
nos faltaba. Ya es difícil que llegue al gobierno cualquier fuerza política distinta
a las del neoliberalismo para que el balance final sea que aplica casi la misma
política y en pocos meses se ve obligado a convocar nuevas elecciones
generales. Los apologistas capitalistas deben estar frotándose las manos.

Ahora va a ser más fácil
convencer a las masas de que la única alternativa es el neoliberalismo, no
digamos ya el capitalismo. El pensamiento único ha recibido un importante
espaldarazo por parte de sus supuestos enemigos. Y entonces si la gente acaba
pensando de nuevo (incluso gente que apostó por cambios) que la alternativa es
capitalismo sí o sí, neoliberalismo sí o sí, lo más lógico será no votar o seguir
votando a quienes lo defienden abiertamente. La derecha se asienta también por los grandes errores de la izquierda.
La crisis de la izquierda real es tal que no sólo es muy difícil que alcance el
gobierno de cualquier país sino que cuando lo hace actúa de manera errática,
dando la razón en la práctica a sus enemigos. Y es que se necesita una guía de
acción revolucionaria (un
marxismo del siglo XXI
). Mientras la izquierda no se recupere de sus
profundos errores
ideológicos
estaremos condenados a experimentos fracasados casi de
antemano o al poco de empezar. Urge también una Quinta Internacional para
coordinar la lucha global contra el capitalismo, para aprender de aquellos
países que van más adelantados en esta lucha (como Latinoamérica). Mientras
exista una Internacional Capitalista (Club Bilderberg, Trilateral, FMI,
Troika,…) y no exista una Internacional Socialista (o mejor, denominada de otra
manera, por ejemplo, Demócrata, para superar los prejuicios de muchos
ciudadanos con la palabra “socialista”) entonces el resultado de la guerra es
más que previsible. Sólo muchos Davides coordinados entre sí podrán vencer algún
día a Goliat.
¿Está todo perdido? Afortunadamente, no. El
neoliberalismo, el capitalismo en general, tiene tales contradicciones que las
crisis serán cada vez más frecuentes e intensas. Y éstas siempre representan
una oportunidad para superarlo. Si Syriza radicaliza su programa para las
probables elecciones generales anticipadas, si es capaz de explicarle a la
ciudadanía claramente, sin ambigüedades, que la Europa del euro condena a los
pueblos a la miseria, a la continua pérdida de derechos humanos, si apuesta por
la salida del euro, buscando alternativas de financiación serias y realistas,
entonces de alguna manera corregirá las contradicciones y vacilaciones que ha
tenido durante su corto mandato. Tal vez la estrategia de Syriza era ganar
tiempo, cediendo por ahora, claudicando con la complicidad del pueblo (según
algunos análisis el primer ministro griego esperaba el triunfo del sí para
salir dignamente del callejón sin salida en el que estaba). O tal vez no. Pero
lo que cuenta mucho en la guerra política contra el sistema capitalista son las
apariencias. La sensación general que le
ha quedado a mucha gente es que Syriza ha cedido demasiado y, lo que es peor,
en contra del mandato popular.
Tsipras pretendía cambiar Europa y ha sido
ésta quien le ha cambiado.
Y es que la manera de empezar a cambiar el sistema pasa
por liberarse de las cadenas que nos atan a él (es decir, recuperar primero la
soberanía nacional), pasa por recuperar la democracia (es decir, la soberanía
popular) y profundizar en ella, desarrollara continuamente, pasa por hacer
cambios locales y exportarlos (mediante el ejemplo, no la imposición, por
supuesto) al exterior en vez de esperar que vengan desde otros lares, en vez de
creer ingenuamente que quienes nos atan, nos imponen, cederán. Obviamente, en
un sistema tan globalizado como el actual esto no es nada fácil, sobre todo en
lo económico. Pero no hay otro camino. Hay que conseguir cierta independencia
política para más adelante reducir la dependencia económica todo lo que se
pueda, o al menos diversificarla, no depender mucho de unos pocos sino que poco
de muchos. Sería bueno que nos explicaran a los ciudadanos de a pie por qué los
acreedores tienen que imponer la política interior de los gobiernos endeudados.
¿Qué diríamos los ciudadanos si un banco sólo nos prestase dinero si nos pone
como condición previa cierta manera de gestionarlo en nuestro hogar, si se
inmiscuye en cómo vamos a devolvérselo, en cómo vamos a ganarnos la vida? ¿Por
qué ocurre esto cuando hablamos de gobiernos? ¿Por qué un acreedor
internacional tiene que dictar las políticas internas de un país que le ha
pedido dinero? Si de algo puede servir todo esto que le ha pasado al gobierno
de Syriza es para explicarle a la ciudadanía muchas cosas sobre el actual
sistema que tenemos. Estando en el gobierno tiene una ocasión única de tener
cierta repercusión mediática. Para recuperarse del mal trago pasado deberá
hacer una gran labor pedagógica. El sistema, una vez más, se ha puesto en
evidencia. Por ahora ha ganado. Pero también es posible que la gente vea mejor
cómo los organismos internacionales actúan de manera antidemocrática, cómo
chantajean a los gobiernos teóricamente soberanos. Es posible así concienciar
más a la población de la imperiosa necesidad de superar el actual sistema
internacional.
El sistema
global empezará a cambiar cuando haya muchos países que practiquen el cambio
localmente y construyan organismos supranacionales de solidaridad mutua.
Ahí está el ejemplo (a seguir
y mejorar) de la América Bolivariana. Por otro lado, el capitalismo desbocado,
el neoliberalismo, obliga a sus enemigos a radicalizarse, cada vez más y cada
vez más pronto. Es tan radical el capitalismo actual que la simple defensa de
los derechos humanos se convierte en algo muy revolucionario, que simples
políticas reformistas, socialdemócratas, suenan muy radicales (para las élites
capitalistas y, lo más dramático, para muchos ciudadanos). Hay que ser
valientes y determinantes para poner las primeras piedras de un sistema
alternativo. Y ello implica, entre otras cosas, hablarle muy claro al pueblo:
decirle que con este sistema poco más se puede hacer de lo que se ha hecho, lo
cual sería una manera de combatir el argumento de los apologistas del
capitalismo actual de que no hay alternativas, decirle que es verdad que no las
hay dentro del sistema, por lo que
hay que cambiar de sistema, que es necesario empezar a superarlo, y decirle
también con absoluta contundencia al pueblo que éste debe participar
activamente en dicha titánica tarea. El pueblo debe asumir también su parte de
responsabilidad. Con los sacrificios y los riesgos que ello conlleva. Más aún
de los que ya ha padecido. No olvidemos que el pueblo griego le dio por fin la
oportunidad a otra fuerza alternativa de gobernar cuando la situación ya era
desesperante. Syriza ha recibido la peor herencia posible. El pueblo tiene una
gran parte de culpa también en la situación que padece, aunque solo sea por
reaccionar tan tarde. Debe elegir: o se acomoda a una vida cada vez más
miserable, en la que los derechos humanos sean un simple recuerdo de lo que fue
o podía haber sido, o lucha y se esfuerza. En esto sí que no hay muchas
alternativas: someterse a un sistema que nos condena cada vez más a la
esclavitud, a una progresiva pauperización de grandes capas sociales, o luchar
contra él, poniendo cada uno su grano de arena. Un gobierno revolucionario
deberá ser sincero también con su pueblo y decirle aquello que no desea oír:
que el destino del pueblo está sobre todo en manos del pueblo, que no puede
esperar a ningún salvador que le salve. La
salvación será colectiva o no será.
Dicho gobierno deberá incluso incitar
al pueblo a darle la espalda si no actúa de acuerdo con el mandato popular, a
permanecer en alerta y muy activo.
Este último fracaso griego puede convertirse en una gran
lección. Si no es posible reformar el
sistema, entonces habrá que intentar cambiarlo.
Para lo cual habrá que dar
el máximo protagonismo posible al pueblo (el cual deberá ir aumentando
notablemente con el tiempo), informándole adecuadamente, permitiendo que todas
las ideas tengan las mismas opciones de ser conocidas (por lo menos en las
televisiones públicas), pero también, y no menos importante, gestionando
adecuadamente y fielmente las decisiones populares. Grecia nos muestra el camino: tanto por los aciertos de Syriza como por
sus errores.
Si presuponemos que no ha habido intención premeditada de
traicionar al electorado, dicha formación ha cometido, a mi modo de ver, dos principales errores: no ser más valiente
en sus planteamientos y no gestionar correctamente el mandato popular
. La
única opción que tiene de sobrevivir, de no suicidarse prematuramente, es
radicalizando su discurso y su programa, es apostando por la democracia más
radical posible. Syriza debe convencer a la ciudadanía griega en la próxima
campaña electoral que se avecina de que es imprescindible abandonar el euro
para recuperar la soberanía nacional. Austeridad dentro del euro o políticas
alternativas fuera de él. Dictadura o Democracia. Éste es el dilema al que la
Troika ha abocado al país heleno (de paso mandando un mensaje al resto de
Europa, muy especialmente al Sur). ¿De qué sirve la soberanía popular de un país
si sus políticas son dictadas desde el exterior, si no tiene soberanía nacional?
Esta batalla ganada por la mafia internacional, bien gestionada y explicada por
los perdedores puede volverse en contra de ella. El gobierno de Tsipras lo
tiene difícil porque yo creo que una gran parte del pueblo griego (y europeo) tiene
la sensación de haber sido traicionada. Pero de la necesidad puede hacerse
virtud. Syriza debe reconocer sus errores, sus carencias, al mismo tiempo que
recordar sus aciertos (que también los ha habido, ver Lecciones
de Grecia
), y debe explicar pormenorizadamente el porqué del mal
acuerdo al que ha llegado, cómo ha negociado Syriza y cómo lo ha hecho la
Troika. Con la máxima transparencia. Esperemos que haya motivos suficientes
para explicar esta aparente traición al pueblo griego. Lo que está claro es que
la situación en Grecia se desestabiliza. Puede ocurrir de todo. Incluido un
estallido social.
Las lecciones griegas son aplicables, salvaguardando
distancias, al resto del mundo. Si las tenemos en cuenta, las batallas perdidas
acabarán siendo una victoria total de la guerra. Todo dependerá sobre todo de
nosotros, los ciudadanos corrientes. La Revolución es un complejo proceso de
aprendizaje en el que participan hombres y mujeres de distintos lugares y de
distintas épocas. La humanidad sólo podrá salir de la pesadilla que representa
el capitalismo con un trabajo en equipo de largo recorrido donde participe la
mayor parte de ella.

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