Marruecos: Demasiada pólvora cerca del fuego

La lucha independentista de la región marroquí del Rif, tiene una larga historia de luchas plagada de matanzas y desde octubre pasado esa aspiración parece haberse puesto en movimiento.

El 28 de octubre de 2016, un hombre de 31 años llamado Mouhssin Fikri, vendedor de pescado, muere aplastado dentro de un camión de basura, cuando intentaba recuperar la mercadería que las autoridades le había incautado la policía. Un hecho que recuerda mucho a lo sucedido el 17 de diciembre de 2010 con Mohamed Buazizi, un joven de 26 años, vendedor ambúlate de verdura, que se inmoló frente a la comisaría de Sidi Bouzid, un remoto pueblo del interior tunecino, como protesta, tras la incautación de su carro y la mercancía. Ligera e interesadamente aquel hecho quedó registrado como el que dio inicio a la Primavera Árabe, que sacudió y sigue sacudiendo a la Historia.

Sin bien la muerte de Mouhssin, no se expandió por el mundo árabe, como las llamas que terminaron con Mohamed, han alcanzado para encender las protestas en todo el Riff, en varias ciudades marroquíes, y en solidaridad, en varios países de Europa.

Tras la muerte de Mouhssin Fikri, el Riff se ha lanzado a reivindicar sus aspiraciones autonómicas.

Los alauitas “adoradores de Alí” (no hay que confundirlos ni con la monarquía alauita marroquí, que toma su nombre del fundador de la dinastía real, el Sultan Alí, ni con los alevíes de Turquía). La región del Rif, atravesada por las montañas que llevan su nombre, está formada por una comunidad de ciudades y pueblos ubicados en la franja montañosa que corre paralela al Mediterráneo. Va desde la ciudad de Larache hasta Rio Muluya, cerca de la frontera con Argelia.

Durante años se han mantenido discrepantes con las políticas hegemónicas de Rabat y el aislamiento económico por parte del gobierno; en 1958 la revuelta del Rif se alza contra el Gobierno marroquí ante las políticas de marginación socio-económica que se han mantenido latentes durante un largo periodo de tiempo en esta región. La sociedad rifeña además de la esencia de las revueltas, mantenía su discrepancia con la militarización y con las fuertes medidas de control en la zona. Finalmente la revuelta fue ahogada tras miles de ejecutados, desaparecidos y múltiples detenciones de milicianos rifeños. En adelante han surgido varios episodios de protestas, cuyo resultado siempre se ha materializado con el hostigamiento. Cuando los rifeños han hecho reclamaciones económicas básicas, tales como pedir infraestructuras sociales, trabajo y derechos sociales, el gobierno por miedo a que se extiendan las protestas, ha aplicado severamente la intervención militar y policial. Más recientemente, en la primavera árabe y en los años siguientes, incontables arrestos de activistas además de muertes

“En 2011 cinco jóvenes aparecían calcinados en una sucursal bancaria de Alhucemas; ese mismo año es asesinado Kamal Hassani, en 2014 es asesinado Karim Lechkar, en 2015 es hallado sin vida el cuerpo del cantante Rifinox y un sin fin de sucesos que siguen hasta el día de hoy sin una investigación eficaz que esclarezca lo sucedido” sentencia el comunicado del Movimiento Social Rifeño en Madrid.

A lo largo de estos últimos siete meses de movilizaciones pacíficas, el anhelo social se ha extendido a otras capitales y regiones, llegando incluso a concentrar el descontento en las ciudades emblemáticas (Marraquech, Casablanca y Rabat) que llaman a las puertas de palacio.

Durante la Guerra del Rif, allá en los años 20, los anarcosindicalistas denunciaron el primer bombardeo con armas químicas llevado a cabo sobre una población, con la connivencia y participación de varios estados entre los que se encuentra, España, Francia y Alemania.

Los pueblos bereberes que, como los que habitan el Rif, también pueblan otras zonas montañosas de Marruecos (montes Atlas), Argelia (Kabilia), Libia (montes Nafusa) y el Azawad situado entre Argelia, Malí y Níger.

No es la primera vez en el Rif que se lanzan consignas independentistas. Además del “estado” instaurado por Abdelkrim, tras diezmar las fuerzas del general Silvestre en Annual, hubo planes para declarar la independencia en plena Guerra Civil española, cuando España abandonó “el protectorado” en 1956 y, dos años más tarde, en 1958, durante la revuelta general que fue aplastada de forma sangrienta por el ejército marroquí.

Un nuevo Movimiento Popular del Rif ha tomado las riendas de la revuelta, en la que se exhiben banderas de la República de Abdelkrim y enseñas bereberes y tuaregs. La bandera de Abdelkrim, que simboliza la independencia del Rif, ha vuelto a ondear en esta abrupta región del norte de Marruecos, donde el líder rifeño instauró una república entre los años 1921 y 1926

Desde medios próximos al Gobierno de Rabat se acusa a los dirigentes del “Hirak” de querer dividir el país y de estar trabajando al servicio de Argelia.

Ya han sido detenidos 186 manifestantes y activistas; y las autoridades españolas colaboran con la represión identificando a los activistas rifeños en España.

Que el Rif esté “en pie de guerra” no es ninguna novedad. Y, de hecho, sus habitantes no han hecho otra cosa que rebelarse desde hace más de un siglo contra la ocupación y explotación de esta zona montañosa que se extiende por la costa mediterránea de Marruecos.

En España todavía se recuerda el “desastre de Annual” en el verano de 1921, pero antes ya había ocurrido en el “Barranco del Lobo”; luego vendría “el desembarco de Alhucemas”, que pondría fin en 1926 a la República proclamada en esta región por Abdelkrim.

Con la independencia de Marruecos el año 1956, los rifeños volverían a levantarse. La salvaje represión del ejército, dirigida por el entonces príncipe Mulay Hasán, futuro Hasán II, con miles de muertos y bombardeos indiscriminados, dejaría una huella indeleble entre la población, sobre todo teniendo en cuenta que esos trágicos sucesos se repetirían en 1984, durante las denominadas “revueltas del hambre”.

Ahora, en la oleada de protestas que se viene registrando desde hace ocho meses, todavía se exhibe con menor disimulo junto a la del pueblo amazigh, la misma que representa a los bereberes de todo el Magreb, de Argelia, Túnez, Libia y a los tuareg de Níger o Mali. La gran diferencia de lo que está ocurriendo en el Rif estriba en la aparición del Hirak al Shaabi (Movimiento Popular), de clara orientación autonomista y que, en sucesivas ocasiones, ha demostrado su capacidad de organización y convocatoria dirigiendo concentraciones con decenas de miles de asistentes.

Fikri, atrapado dentro del camión cuando el conductor puso en marcha el mecanismo de la trituradora, colmó el vaso de la paciencia de los rifeños. Junto a la exigencia de responsabilidades, salen a relucir las eternas reclamaciones de poner fin a la militarización de la zona –desde 1959–, democracia y autonomía reales, inversiones en desarrollo, una universidad para que los jóvenes no tengan que emigrar, un hospital especializado en oncología ya que el Rif es la región marroquí con mayores índices de cáncer.

La continua presencia de la bandera amazigh en las convocatorias del Movimiento Popular ha hecho que, desde medios cercanos al Gobierno de Rabat y también desde instancias policiales y judiciales, se les acuse de separatismo, de atentar contra la seguridad del Estado y, como se ha hecho desde el Consejo Consultivo Real para Asuntos Saharianos o la tribuna digital Le 360, muy próxima a la Corona alauí, se acuse a Argelia de estar tras la revuelta, con el inconfesable objetivo de convertir al Rif en un nuevo Sáhara Occidental.

Inicialmente la actitud del actual monarca, Mohamed VI, fue de comprensión, prometiendo realizar nuevas inversiones para acabar con el abandono que su padre, Hasán II, condenó a esta levantisca región. En el Parlamento marroquí se han desarrollado debates monográficos, pidiendo las distintas fuerzas políticas acabar con “el problema del Rif”. Hasta dos delegaciones ministeriales, presididas por el Interior, Abdeluafi Laftit, se han desplazado recientemente hasta Alhucemas para calmar los ánimos prometiendo un vasto programa de inversiones.

Pero no ha servido de nada. Las manifestaciones, concentraciones y enfrentamientos con la Policía –más de 200 agentes heridos– han continuado en distintas localidades, encontrando muestras de solidaridad también en Rabat y Casablanca. El Gobierno finalmente ha optado por descabezar al Movimiento, deteniendo a sus principales dirigentes, entre ellos Naser Zafzafi. Quien le ha sustituido al frente del Movimiento, Nawal Benaissa, una joven madre de 36 años, ya ha sido interrogada en las dependencias policiales en dos ocasiones,

La detención el pasado 29 de mayo de Nasser Zafzafi, líder carismático de un movimiento popular conocido como «Hirak» que reclama mejoras económicas y sociales para el Rif, ha reactivado las movilizaciones y ha devuelto la agitación a esta región del norte de Marruecos, que en los años 20 del siglo pasado llegó a ser una república independiente.

Al principio las manifestaciones eran pacíficas, pero esta semana se han tornado más violentas y han adoptado un esquema de guerrilla urbana, con grupos de jóvenes recorriendo a gritos las empinadas calles de la localidad, mientras la Policía trata de cercarlos. Los manifestantes se enfrentan a pedradas con los agentes, que responden con el lanzamiento de gases lacrimógenos y la detención de decenas de personas.

En el seno del barrio había ya centenares de personas reclamando la liberación de los detenidos y coreando sus reivindicaciones: trabajo, una universidad, un hospital y medios para el tratamiento del cáncer. Esta es la región con más enfermos oncológicos de Marruecos, algo que, de forma machacona, los vecinos atribuyen a un bombardeo español con armas químicas.

«Tenemos que ir al hospital a Rabat y aquí no hay trabajo», se quejaba en mitad de la protesta Youssef, de 21 años, estudiante de Ciencia y Tecnología en Tánger, ciudad situada 300 kilómetros al oeste.

Esa percepción de humillación viene desde que Hassan II, padre de Mohamed VI, combatió a los rifeños tras el fin del Protectorado español, a fines de los 50. No obstante, el conflicto hunde sus raíces más atrás. Los rifeños suelen recordar que ellos ya estaban en esta tierra al llegar los árabes.

La mayor revuelta del reinado de Mohamed VI —fue entronizado rey hace 18 años— está provocando esta primavera un inesperado acercamiento entre España y Marruecos, que ya mantienen de por sí buena relación.

La crisis marroquí alcanzó, el domingo 11, un nuevo cénit cuando se desarrolló en Rabat una manifestación multitudinaria, sin precedentes desde que en 2011 estalló la llamada ‘primavera árabe’, en solidaridad con las reivindicaciones del Rif. La convocaron el gran movimiento islamista ilegal Justicia y Espiritualidad (JyE) junto con algunos pequeños partidos izquierdistas y asociaciones juveniles.

Tras conocerse lo ocurrido a través de las redes sociales surgieron las convocatorias para protestar contra esta «hogra», un término utilizado en el Magreb para referirse a un abuso o una injusticia cometida por las autoridades.

Este tipo de manifestaciones masivas son una excepción en Marruecos, un país gobernado por un sistema político en el que el rey tiene la última palabra.

El viernes la Policía confiscó el pescado de Fikri poco después de que éste lo hubiera comprado en el puerto de Alhucemas. Las autoridades habían prohibido la venta de pez emperador esta temporada.

Lo ocurrido guarda gran similitud con lo que pasó en Túnez en 2011, donde un vendedor callejero, Mohamed Bouazizi, se inmoló prendiéndose fuego tras la confiscación de sus mercancías por parte de las autoridades municipales de Sidi Buzid, en Túnez. Su muerte desencadenó las protestas que pusieron fin al régimen autocrático de Zine el Abidine ben Alí.

Meses de reivindicación pacífica de mejoras económicas y sociales para el Rif degeneran en guerrilla urbana ante la respuesta represiva del Gobierno marroquí.

La tensión se ha vuelto a disparar en Alhucemas (norte de Marruecos) desde el pasado viernes, tras iniciar decenas de activistas presos del movimiento iniciado en octubre una huelga de hambre y llamar el Movimiento Popular (Hirak al-Shaabi, en árabe marroquí) a la huelga general en toda la región montañosa del norte del país africano.

Las protestas se iniciaron en octubre con el asesinato del humilde pescadero alhucemí Mouhcine Fikri (o Mohsen Fekri), triturado por orden policial cuando intentaba recuperar su mercancía dentro de un camión de basura.

La agudización del conflicto social parece mostrar que los manifestantes no creen las palabras de su monarca, Mohamad VI, que el pasado miércoles hizo transmitir a través del presidente de Francia, Emmanuel Macron (de visita en el país), su “deseo de tranquilizar la situación respondiendo a las demandas de este movimiento y aportando respuestas concretas”.

En la humilde casa de los Zafzafi, en el barrio de las protestas de Sidi Abid (Alhucemas), ya predijeron la marcha en Rabat hace una semana.

El responsable marroquí no precisó si esos supuestos terroristas se incorporaron a los grupos yihadistas a partir del Sahara Occidental administrado por Marruecos o desde los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, situados en el sur de Argelia.

Las autoridades marroquíes sostienen que existe una relación entre el Polisario y los grupos yihadistas y afirman que los campamentos de Tinduf se han convertido en el punto de convergencia entre el terrorismo y el crimen organizado.

Marruecos no ha sufrido ningún atentado terrorista desde mayo de 2011, antes de que estallara la guerra en Siria y se formase el Estado Islámico. Los desmantelamientos de supuestos comandos terroristas son frecuentes en todo el territorio.

La ola delirante de críticas racistas se ha vuelto contra el propio rey, Mohamed VI, quien en 2014 emprendió un proceso inédito en África para regularizar a unos 25.000 inmigrantes y en 2016 ofreció papeles a otros 20.000

Arabia Saudita y Marruecos siempre se han informado recíprocamente de las grandes decisiones estratégicas tomadas por uno u otro país. Cuando Hassan II decidió la “Marcha verde” de ocupación del territorio del Sahara occidental tras el retiro del Ejército colonial español en 1975, dos personas en el mundo ya estaban informadas: el Secretario de Estado Henry Kissinger y el rey Jaled bin Abdulaziz, casi recién llegado al trono tras suceder a su hermano Faisal bin Abdulaziz, asesinado por un sobrino suyo en una oscura trama palaciega.

Arabia Saudita nunca dejó de apoyar a Marruecos en la crucial cuestión del Sahara occidental. No solo Ryadh financió el armamento que las administraciones republicanas estadounidenses suministraron al Reino alauita en su “guerra del desierto” durante los años 80, sino que se volcó y sigue haciéndolo para defender “la causa marroquí” en los foros internacionales restringidos en los que el Reino wahabita participa o lidera, como el G20 o el Consejo de Cooperación del Golfo.

Consecuencia de esta “alianza militar y de seguridad” entre los reinos árabes, es el envío de contingentes militares marroquíes especializados y de efectivos de inteligencia, tanto para garantizar la seguridad interna como las fronteras de los países del CCG y de Arabia Saudita en particular, con Iraq o Yemen.


Fuente: Guadi Calvo / Alainet

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *