Nueva temporada turística, más precariedad

Ernest Cañada | Alba Sud

Justo cuando empieza la temporada turística recibo los comentarios de varias camareras de piso de Lloret de Mar explicando cómo es su situación y con qué perspectivas afrontan los meses que vienen por delante.

Nueva temporada turística, más precariedad
Crédito Fotografía: Ana Núñez. Lloret de Mar.

En estos días empieza la nueva temporada turística en
España. Pronto comenzarán a llenarse los hoteles en la costa y las
cifras de empleo subirán (aunque ciertamente no tanto como el número de
huéspedes, como viene ocurriendo en los últimos tiempos). Pero las
camareras de piso, uno de los colectivos centrales en los hoteles, más o
menos un 25% de sus plantillas laborales, saben que lo que se les viene
encima no es fácil.

Entre ayer y hoy me llegan los comentarios de varias trabajadoras de Lloret de Mar sobre cómo afrontan esta nueva temporada. Visto desde su perspectiva las cosas suenan muy distintas a las eufóricas palabras de los gobernantes de turno cuando ensalzan las cifras de creación de empleo del turismo.

Estrella cuenta la angustia con la que vive su retorno al trabajo: “Yo el lunes empiezo trabajar y ya estoy que no duermo bien, pensado en lo que nos espera este verano. Me duele el estómago y tengo diarrea. ¿No os pasa eso a todas cuando vais empezar? No es que no nos guste trabajar es que tenemos miedo, pánico. No vamos trabajar, vamos al infierno”.

Antonia, que ya está trabajando, recibió ayer una carta de la empresa amenazándola con sanciones disciplinarias si continuaba negándose a hacer el número de habitaciones que les impusieron años atrás. Ella lo cuenta así: “Hoy es primavera y a mi, en vez de recibirme con flores me han recibido con esta carta. ¿Por qué? Pues por defender mis derechos y por no someterme a la tortura de la sobrecarga de trabajo”. La empresa incrementó la carga laboral y les impuso que tenían que hacer 24 habitaciones al día. Al principio las trabajadoras se resistieron y se mantuvieron limpiando el número de habitaciones habituales, hasta que poco a poco fueron quebrando su voluntad: “Al final lo han conseguido con casi todas mis compañeras. De unas 35 mujeres, más o menos, la mayoría se ha resignado y no quieren seguir luchando. De esas ahora solo quedamos dos y ya no saben cómo quitarnos de en medio. A esta compañera y a mi, nos han hecho de todo. Somos las únicas por domesticar. Pero ni nos doblarán ni nos domarán”.

Las que no tienen un contrato fijo o fijo discontinuo aún lo tienen peor. Loli cuenta que hace poco fue a trabajar a otro pueblo de la costa por medio de una ETT: “¡Pagaban 2 euros por habitación! Yo terminaba mi trabajo a las 3 como mucho y sin embargo, por cojones, tenía que ir a ayudar a las demás, y a mi eso no me lo pagaba nadie. Total, que salía a las 7 y 8 de la tarde. Al cuarto día cogí y me fui, porque mi trabajo no se lo regalo a nadie. Y ahora estoy sin nada. Te puedo asegurar que fueron los cuatro días más humillantes de mi vida laboral. Me sentí tan utilizada como una burra de carga. No tendré nada, pero sí mucha dignidad”.

Los testimonios de estas tres trabajadoras reflejan la cotidianidad laboral que se vive en la mayoría de hoteles en España. La indignación está creciendo día a día. Es intolerante que el mundo del trabajo se haya convertido en esto. Hay que pararlos.

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