Tras los Juegos Olímpicos, el golpe de Estado en Brasil ya no es cosa de juego

Tras los Juegos Olímpicos, el golpe de Estado en Brasil ya no es cosa de juego

El fuego de la antorcha olímpica se ha extinguido en Río de Janeiro y
la atención mundial ha abandonado Brasil. A la sombra de los juegos, se
desarrollaba un suceso singular que los medios de comunicación
estadounidenses ignoraron casi por completo: un golpe de estado contra
la presidenta democráticamente electa de Brasil, Dilma Rousseff. Brasil
ocupa el quinto lugar entre los países con mayor población del mundo y
es una de las principales economías mundiales. Como muchos países
latinoamericanos, sufrió una dictadura militar que se extendió durante
décadas y emergió con una joven democracia hace solo 30 años. El golpe
de esta semana no fue llevado a cabo por militares, sino por el Senado
brasileño. El efecto es básicamente el mismo: la presidenta fue
destituida y asumió la presidencia Michel Temer, un opositor político
que cuenta con escaso respaldo popular y que representa a las elites
acaudaladas del país.

En 1964, el Ejército brasileño llevó a cabo un golpe de estado contra
otro presidente democráticamente electo. Tras el golpe, una joven Dilma
Rousseff se unió a una organización armada para luchar contra la
dictadura militar. Fue arrestada en 1970 y torturada en repetidas
oportunidades durante sus más de dos años de reclusión. Después de su
liberación, continuó políticamente activa pero fuera de las
organizaciones de resistencia armada. Finalmente, la dictadura cesó en
1985 con el retorno de un gobierno electo.

Años después, en 2014, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe
Biden, durante una visita a Brasil en ocasión de la Copa Mundial de
Fútbol, entregó personalmente 43 documentos del Gobierno de Estados
Unidos que detallan el profundo conocimiento que tenían las autoridades
estadounidenses de las numerosas torturas y ejecuciones contra la
población brasileña llevadas a cabo por aquella dictadura. Sin embargo,
el Gobierno de Estados Unidos continuó apoyando la dictadura de Brasil,
al igual que lo hizo con la de Argentina y las de otros países
latinoamericanos.

En 2003, el pueblo de Brasil eligió como presidente a Luiz Inacio
Lula da Silva, miembro de un partido de izquierda, el Partido de los
Trabajadores. Lula ocupó el cargo durante dos mandatos y fue sucedido
por su favorita, la primera mujer que ha ocupado la presidencia de
Brasil, Dilma Rousseff. El Partido de los Trabajadores, durante los
mandatos de ambos presidentes, implementó significativos y eficaces
programas sociales para contribuir a aliviar la pobreza y la desigualdad
sistémicas que se viven en Brasil. Es esta confluencia de gasto en
programas sociales y desaceleración de la economía lo que ha llevado a
Dilma a lo que se describe como un “golpe parlamentario”.

El periodista ganador del Premio Pulitzer Glenn Greenwald es un agudo
observador de la política brasileña. Greenwald vive en Río de Janeiro y
afirmó durante el programa de “Democracy Now!”:

“La acusación formal contra ella que están utilizando para justificar
su destitución se llama en portugués ‘pedaladas’, que significa
pedalear. Refiere a una maniobra política por la que el gobierno pide
dinero prestado a un banco estatal y luego demora en devolverlo para que
parezca que el gobierno tiene más dinero en su haber. Por lo que,
básicamente, la acusan de recurrir a trucos presupuestarios para hacer
que la situación presupuestal del gobierno parezca mejor a fin de ganar
la reelección. Algo que, al hablarlo con europeos o estadounidenses,
genera perplejidad porque no se entiende que algo así pueda justificar
la remoción del cargo de una presidenta democráticamente electa, dado
que es extremadamente común que los líderes políticos del mundo lo
hagan, y, de hecho, otros presidentes de Brasil han usado ese método en
el pasado”.

Golpe en Brasil ya no es cosa de juego

La Cámara Baja del Congreso aprobó iniciar el juicio político contra
Dilma el pasado mes de abril y a partir de ese momento el Senado dio
inicio al procedimiento formal. Dilma Rousseff fue suspendida durante
las deliberaciones y sustituida por Michel Temer en calidad de
presidente interino. Glenn Greenwald resaltó: “Durante los Juegos
Olímpicos, el Sr. Temer rompió con el protocolo al exigir que su nombre
no se pronunciara durante la ceremonia de apertura, dado que temía ser
abucheado por la multitud. Es impopular y odiado a ese punto. De todos
modos, cuando la gente lo vio en las pantallas, aún sin haber sido
anunciado, lo abuchearon con bastante saña”.

El miércoles 31 de agosto, el Senado de Brasil aprobó formalmente,
por 61 votos a favor y 20 en contra, destituir a Dilma Rousseff.
Sorprendentemente, la mayoría de los senadores que votaron a favor de su
destitución están siendo investigados por corrupción. Como lo confirma
una conversación grabada en secreto, probablemente la razón por la que
el Senado quería destituir a Dilma era terminar con las investigaciones
por corrupción que se desarrollan contra actuales senadores e
integrantes del Congreso.

Dilma Rousseff salió con decisión y, rodeada por sus seguidores,
denunció el proceso: “Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la
vida. El primero, el golpe militar apoyado en la truculencia de las
armas, de la represión y de la tortura, me encontró cuando era una joven
militante. El segundo, el golpe parlamentario, concluido hoy por medio
de una farsa jurídica, me saca del cargo para el cual fui elegida por el
pueblo”.

Brasil es un país extraordinario, con una población de más de 200
millones de habitantes, una cultura vibrante y una gigantesca economía.
Con la mayor parte de la amenazada selva amazónica dentro de sus
fronteras cumple un papel de vital importancia a la hora de luchar
contra el cambio climático provocado por la actividad humana. Con todos
los desafíos que enfrenta, el pueblo brasileño merece el inmediato
repudio de este golpe por parte de todos los gobiernos y más aún, por
parte del presidente Barack Obama y de los candidatos presidenciales que
aspiran a sucederlo.

© 2016 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org. Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!,

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: