Vidas

Sale de su casa a las 6:00 y vuelve a las 22:00.

Trabaja en la cosecha del limón.

Es un trabajo duro, y más para una mujer tan flaca como ella.

“Todos los limones lindos se mandan para fuera, a otros países” dice “acá sólo se quedan los feos, pero saben igual”.

Come una vez al día, a la noche cuando llega a casa. El resto del tiempo toma mate.

Cobra 700 pesos al mes.

Su marido está en la cárcel, pero cuando salga ella no le va a dejar que vuelva a su casa, decidió que no quería soportar más golpes.

En los periodos que no hay cosecha no tiene trabajo.

Es ahí cuando comparte más tiempo con sus 8 hijas.

Miente cuando le preguntan si sus hijas van a la escuela por miedo a que se las quiten, “las mando a todas” dice.

Pero la realidad oprime: si ellas no trabajan no comen.

María González Reyes / OMAL

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